martes, 26 de abril de 2011

Capitulo 5: Resaca

Nasty-gal-4-500x333_largeParada mirándome
como si me quisiera matar. Con su mini vestido color caqui y sus botas hasta la rodilla de color negras donde solo se le veía hasta la mitad del muslo.
    Estaba a punto de contestarle algo que la iba poner en su lugar pero cuando abrí la boca alguien me puso el brazo en los hombros y hablo primero.
---Ella está aquí porque yo la invite, hermanita—me defendió Sergio.
    Volteé a verlo y me sonrió de oreja a oreja. Le sonreí igual.
--- ¡Pero Sergio!—empezó su rabieta.
---Pero nada, Samanta. Esta también es mi casa y mi fiesta así que te aguantas. Nadie va a correr a mi chica.
    Todo iba perfecto hasta que dijo: “mi chica” La cara de Sebastián paso de lo gracioso a lo sorprendido.
--- ¡Tu, zorra!—me señalo y dio un paso adelante. Cosa que hizo que Sebastián también lo diera con cara de preocupado. Preocupado de que la niña rica se me viniera encima.
    Yo también di un paso adelante. Cosa que hizo que Sergio diera un paso también con la misma expresión de preocupación.
---El significado de zorra no significa tener mas pretendientes que tu—se escucharon muchas uuuuuuh. Yo solo la mira de arriba hacia abajo, di media vuelta y me fui. Sergio volvió a poner los brazos sobre mí y subimos juntos las escaleras.
    Samanta echaba humo por la cabeza mientras Sebastián trataba de calmarla. Tonto.
    Llegamos al segundo piso y todo volvió a la normalidad se puso de nuevo la música a todo volumen. Desde arriba la fiesta se veía mucho mejor. La locura no paraba mientras muchos no traían su camisa mientras bebían e incluso unas chavas no traían su blusa. ¡Wow!
     Voltee a ver a Sergio. 
---gracias, por la ayuda—le dije sinceramente mientras quitaba mi mano de la suya pero él me la volvió a agarrar.
---Para nada. No iba a dejar que se pelearan—dijo mirando hacia abajo.
---No lo íbamos a hacer—me defendí.
    Se tardo unos segundos pero termino mirándome con cara irónica.
---No, fíjate. Como nunca lo han hecho—bromeo.
    Entorne los ojos.
---Y por cierto—continuo—Te vez realmente sexy con esos shorts y los tacones.
    Me miro de abajo hacia arriba con una ceja levantada. Volví a entornar los ojos. Se echo a reír.
---Y por cierto—dije imitándolo— ¿Cómo fue que me encontraste?
---Con ese rojo en los labios cualquiera te hubiera encontrado—ahora miraba mis labios—Lo cual me dan unas ganas de besarte—murmuro acercándose. Le puse una mano en el pecho.
---Se buen niño y tráeme una cerveza—le sonreí. Sonrió más.
---Como digas—y bajo sobre la multitud directo a la cocina.
    Estaba sobre el barandal de las escaleras viendo todo. Ahora una muchacha se quitaba la camisa mientras otro le agarraba la cintura y la besaba. Mientras una bola de chavos se bañaban con cerveza. Vaya fiesta. Otros estaban fumando ¿marihuana? Genial. Y ese vomitaba sobre una maseta. Asqueroso.
--- ¿Puedo saber que fue lo que paso haya abajo?
    Sebastián apareció alado mío. No lo voltee a ver.
---Acostúmbrate.
--- ¿tengo qué?
---Si quieres a esa, si—dije tajante.
--- ¿Qué tiene ella de malo?
---Si quieres que yo te diga que tiene de malo ella será después, que no quiero gastar mi tiempo de fiesta hablando de ella.
    Suspiro.
---Si que has cambiado—murmuro. Lo mire.
---Acostúmbrate.
    Se enderezo y llego Sergio con mi vaso grande lleno. Vio de mala manera a Sebastián. Pase por encima de Sebastián agarre mi vaso de la mano de Sergio.
---Gracias—articule mientras le tomaba y bajaba por las escaleras.
--- ¡Espera!—grito Sergio.
   Pero lo ignore y me uní entre todos bailando y tomando. Disfrutando, mejor dicho.

---Uno, dos, tres, cuatro, cinco, tal vez… seis.
---Esos son poquitos.
--- ¿Enserio?
--- ¿Quieres otro?
---Uno, dos tres cuatro…cinco
--- ¡Seis! ¿Otro?
---No.
    Edith me ofrecía otro vaso, pero a verdad el alcohol en mis venas ya era el suficiente. Nuestra pequeña plática no era con tono normal. Ella estaba más que borracha. Y yo, estaba a punto de ponerme más o igual que ella.  Porque ya lo estaba. La fiesta se ponía cada vez mejor y llegaban mas y mas gente. La música estaba hasta el tope en volumen y todos brincando a su ritmo. Mientras la estancia ya estaba llena de humo por tanto cigarro, aumentaron los vómitos en el baño. No tenia fin esto y la verdad nadie quería que llegara a su fin.
--- ¡Al diablo!—grite. Y agarre el vaso que Edith me ofreció y puso en la mesa. Todos al mismo tiempo bebimos hasta el fondo.
---Hola, guapa—Sergio llego de nuevo y desde nuestra platica en las escaleras no lo veía. Estaba tan pasada de copas y tan sacada de mis casillas que solo agarre su camiseta y lo atraje hacia mí.
    Nos fundimos en un beso apasionado y loco. Todos empezaron a hacer ruidos raros y a aplaudirnos por así decirlo. El me tenía agarrada por la cintura y yo puse los brazos en sus hombros. Cada vez era más y más el beso hasta que nos separamos y yo me puse a reír como loca. Edith se me acerco y me abrazo felicitándome.
    Sergio vino por más y me volvió a agarrar por la cintura pero no estaba del todo tonta como para volver a besarlo. Así que lo aleje y me fui a la cocina. Sebastián estaba con una cerveza en la mano y riendo con unos de la preparatoria.
--- ¡wow! Carolina… ¿estás bien?—pregunto cuando me vio.
---Si, si, si. Perfecta—me tambalee y me casi me caigo pero él me agarro.
---Mejor te llevo a tu casa—dijo preocupado.
---No, no, yo me quiero quedar—En realidad sentía unas ganas enormes de vomitar y de repente me dio un sueño.
    Cerré mis parpados y no sé qué paso después.













No quería despertarme. La cabeza me dolía horrible. Cerré mas mis ojos, no queriendo despertar. Despertar cuando esta puta resaca se fuera. Las fiestas solo tenían esto de malo.
    No tenía ni idea de cuando llegue a mi casa, de quien me trajo, de cuando y a qué horas me fui. Tampoco de que horas era ahora.
    Me debatía entre abrir los ojos, mover mi mano para agarrar mi celular y ver qué horas eran y sin importar cuál sería la hora me volvería a dormir pero ni siquiera de eso tenía ganas. Me torcí toda para poder llegar a mi celular.
   ¡Las 3:30 de la tarde de un precioso sábado que estaba fresco y nublado. El tipo de días que yo amaba y me la pasaría encerrada en mi habitación por una tontería!
    Necesitaba una aspirina y un café. Nunca supe los remedios para quitar una cruda pero si conocía los míos. Conocía unos cafés que eran deliciosos que por desgracia estaban algo lejos pero valía la pena la gasolina el tiempo y el dinero. Les ponía la aspirina y se mesclaba y eso hacía que se me bajara el dolor de cabeza.   
    Junte el valor para levantarme y meterme a bañar. Quería ponerme ropa cómoda así que me puse una blusa muy delgada de manga larga gris que me quedaba algo guanga lo cual lo hacía más cómodo. Y un pesquero negro con unas sandalias de suelo negras.
    Un aire fresco entro por mi ventana que me relajo por unos momentos. Hasta que se escucho un grito chillante horrible que venía de casa de Sebastián. La ventana de su habitación estaba abierta y se escuchaba aun más fuerte. Me tape los oídos y trate de cerrar la ventana pero se atasco o yo estaba muy débil en ese momento pero mi cabeza como que quería explotar.
    Silencio. Me relaje por unos momentos pero tenía miedo de que volviera a gritar. Supongo y era la hermana pequeña de Sebastián que por cierto todavía ni la conocía.
---Perdón, es solo que se cayó de las escaleras—no me di cuenta de que Sebastián estaba en la ventana y que yo tenía los ojos cerrados.
---Ese fue el grito mas…--no encontraba una palabra.
--- ¿fuerte? ¿Chillante? –me empezó como a leer la mente.
---Pero supongo que ella es bonita—trate de arreglar las cosas pero Sebastián soltó una carcajada.
--- ¿Cómo llegue a casa?—le pregunte en un susurro.
    Rio entre dientes.
---Larga historia. Supongo que tu resaca ni te deja recordar.
---Exacto, iré por un café y una aspirina así que cuéntame después ¿vale?—Logre cerrar la ventana y camine hacia la puerta pero antes de abrirla retrocedí y de nuevo abrí la ventana. Sebastián me vio y se acerco.
--- ¿Si?
--- ¿Quieres venir conmigo?
--- ¿Yo?—se empezó a reír.
---Si, ¿Qué tiene?—pregunte confusa.
---Nada, nada es solo que… te veo abajo.
    Le sonreí y cerré la ventana y bajando las escaleras me encontré a Lorena y a su novio Pepe. Su novio, a comparación de ella era demasiado amable y buena onda. Realmente me caía muy bien lo cual nunca deja de sorprenderme.
     Estaban en la sala agarrados de la mano pero en cuanto Pepe me vio se echo a reír haciendo que Lorena me mirara con desprecio. Sabía perfectamente que se reía por mi cara demacrada pero no pude evitar reírme yo también.
--- ¡Ay, cuñada!—seguía riendo—Me hiciste el día, pero trata de controlar más tu forma de beber—se burlo.
    Me acerque y le di un pequeño zape en la cabeza, agarre mi bolsa las llaves y me salí de la casa.
    Sebastián ya estaba parado en mi porche con las llaves de su coche.
---Esta vez te llevare yo—dijo con un tonito ganador.
---No, no. Está muy lejos y no quiero que gastes tanta gasolina.
---Eso no es problema, sube al coche.
    Use mi táctica de cruzarme de brazos y hacer puchero con los labios. Funcionaba cuando tenía seis años y no lo he hecho como desde hace cuatro años pero tenía que seguir funcionando….Y funciono.
---Solo y cuando yo te lleve toda la semana.
---Trato echo—y como niña chiquita me fui corriendo a mi coche abriendo la puerta del piloto.
--- ¡Eso no! Yo conduzco y ni con pucheros de niñas chifladas me convencerás—decía mientras se acercaba y extendía la mano.
    Sea porque estaba cansada para pelear o para manejar pero sacándole la lengua le entregue las llaves y me fui a sentar al lugar del copiloto, mientras el triunfante subía a la del piloto.
---Quita esa sonrisa de tu rostro—lo amenace pero no puede evitar sonreír.
---Tan tranquila que se ve la niña—encendió el coche.
--- ¿En donde quedan?—pregunto cuándo arranco.
--- ¿Si ubicas el mercado del centro?—asintió con la cabeza—bueno, mas adelante por donde están las casas, es un puesto pequeño con sillas de plástico afuera con mesitas.
--- ¿Es ese el que tiene una gran manzana como letrero?
---Ese mero—le sonreí de oreja a oreja—Te pichare un café si quieres—me sentí una buena maría.
---No, no es necesario. Solo estoy esperando a que me hagas la pregunta que todo mundo hace después de emborracharse en una fiesta.
    Reí fuerte y de vergüenza. ¡Que habré hecho anoche! No, no, no. No iba a hacerle esa pregunta tan vergonzosa a él. ¿Pero a quien si no? ¿A Edith? ¡Qué va, si ella estaba más borracha que yo! Suspire.
---De acuerdo—baje la cabeza y susurre:--¿Qué paso ayer?
    Se echo a reír aun más fuerte de lo que yo había hecho. No paraba de reírse. Solo espere cruzada de brazos matándolo con la mirada.
---Haber, haber ¿por dónde empezamos?—hablaba mas para si mismo—Dime que recuerdas.
    Empecé a hacer memoria.
---Recuerdo que bailaba y bailaba, reía, coqueteaba y de pronto todo empezó a dar vueltas y ya estaba ebria.
---Bien, aparte de las locuras pequeñas que todos hacían porque déjame decirte que todos estaban en tu mismo estado. Se veía gracioso—rio entre dientes.
--- ¿Y tú no tomas o qué?—pregunte curiosa.
---Si lo hago pero ME MODERO—en esas dos palabras me volteo a ver con la cejas levantadas. Solté una risa inocente.
---Lo hago, pero hace años que no iba a una buena fiesta y pues se me chispoteo.
--- ¡Ay, caro! ¿Qué haré contigo?—dijo con un tonito de madre.
---Sígueme contando—insistí.
---Si, te besaste con Sergio—dijo gracioso.
    Se me abrió la boca y me entraron mil moscas porque ya no la pude cerrar.
— ¡¿Es enserio?!—Pegue un grito— ¡No, no, no, no!—murmure.
    ¡Me bese con Sergio! ¡Dios, pero que hice! La verdad ya nos habíamos besado. Bueno no, el a mí y fue en quinto grado y duro como tres segundos antes de que lo empujara.
—Y no es por atormentarte pero, un beso chiquito no fue—Sebastián parecía divertirse.
--- ¿A qué te refieres?—pregunte un poco asustada.
---Que de seguro dejaste huella en su lengua—se echo a reír a mitad de frase.
---No es gracioso—me queje.
---Es que tienes que ver tu cara—se rio más fuerte.
---Pero no paso a más ¿verdad?—susurre.
---No, no te preocupes de seguro hubieras amanecido en su casa en vez de en tu cama—trato de consolarme.
---Hablando de eso, ¿Quién me trajo casa y a qué horas?
---Después del beso te fuiste a la cocina en donde estaba con unos nuevos amigos y tú casi te desmayabas y pretendías seguir tomando. Te pregunte que si te llevaba a tu casa y solo contestabas cosas sin sentido y que apenas y estaba empezando la fiesta.
---Perdón—murmure roja.
    De nuevo rio a morir. Me acaricio la cara.
---Hasta caliente estas. No hay problema, realmente me divertiste un rato.
---Hahaha—pronuncie lento y sarcásticamente.  
---Después de eso vomitaste y entonces te cargue como a la fuerza se podría decir y te traje a tu casa. Entraste sola lo cual todavía no soy capaz de comprender.
---Es que ya soy niña grande—bromé sonriendo inocente.
---Si, me doy cuenta. Y tu novio Sergio no quiera que te llevara. Hizo un pancho enorme.
---No es mi novio—dije lento.
--- ¿No? Pues parece que él no lo tiene muy claro—Sebastián levanto las cejas—Se ve que le gustas demasiado.
   Reí entre dientes y luego levante los hombros, dando a entender que no le daba mucha importancia.
--- ¿te puedo hacer una preguntita? Así chiquita.
   Lo mire a los ojos y le sonreí.
---Lo que quieras.
---Es sobre… Samanta—solo dijo eso y yo suspire y voltee los ojos—es solo que me hablo tan mal de ti. Diciéndome que desde chiquitas tú y ella no hilaban y que estabas celosa de ella y cosas así.
--- ¿te dijo eso?—dijo si con la cabeza y me eche a reír fuerte.
--- ¿Qué?—pregunto riendo conmigo.
---Por supuesto que no estoy celosa de ella. No quiero ser una replica de modelo victoria secret mal hecha. Ni sus gustos los puedo digerir.
    Sebastián mirando todas las cosas que tenía pegadas dentro del coche supo a que me refería.
--- ¿Por qué no se llevan bien?—frunció el ceño.
---La verdad no sé. Nunca lo supe realmente, supongo que es porque no la soporto y ella por no llevarle la corriente como todas lo hacen. Todo el tiempo peleábamos de chicas, por cualquier tontería y siempre la que salía perdiendo era yo porque se hacia la víctima y mis padres nunca me escuchaban.
    Lo peor era cuando llegaba a casa. Mi padre nunca fue malo conmigo excepto en esos momentos en que Samanta fingía llorar. Me iba peor que con mi mama. Obviamente no le diría esto a Sebastián, si no me hacia la victima de pequeña menos ahora.
--- ¿Te pasa algo?—me pregunto al verme tan seria y con la cara entristecida.
   Mire mis pies y me controle fingiendo una sonrisa.
---Sí.
    Mire por la ventana y me di cuenta de que ya casi llegábamos. Solo esperaba que Sebastián me dejara de hacer preguntas sobre mi pasado.





pd: la actriz que pongo como Carolina tiene los ojos azules pero el personaje tiene los ojoos marrones claros, solo queria acalar eso(: saaludos y disfruten el capitulo

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