miércoles, 7 de mayo de 2014

Solo quiero decir hola

¿Que ha sido de ustedes?
Hace mucho que no he visto comentarios! como les ha ido?
Espero que esten excelente!

lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 46: Prueba de embarazo

Me deposito en la cama para ponerse encima de mí. Nos miramos un instante antes de juntar los labios.
   Parecíamos como si la vida dependiera de que nuestras bocas se mezclaran con la otra. No me había dado cuenta hasta ahora que lo tenía agarrado de la espalda, con mis piernas entorno a su cintura que había querido esto durante todo el día
   Me estaba dejando llevar por el momento, no podía sentir ni pensar nada más que sus labios rosándome el cuello, los hombros y mordiéndome el lóbulo de la oreja derecha, ni su aliento cosquilleándome la piel a su paso
   Dejo de besarme para enderezarse un poco. Me agarro de las manos y alzo mis brazos arriba de mi cabeza, entrelazando los dedos. Bajo su rostro y rozo muy levemente su nariz contra a mía, para descender. Podía sentir su piel caliente sobre mi piel sensible
   Su rostro se dirigió al mío y nos miramos. Mi corazón no se podía acelerar mas, su mirada me decía una cosa muy clara “quédate” y quién era yo para decirle que no
   Alce mi cara para que mis labios alcanzaran los suyos y volvimos a principio.
   Y cuando sus manos soltaron las mías para dirigirse a mi blusa y quitarla, fue ahí cuando me di cuenta. Me imagine por un instante el momento en que estaría marcándole a Edith, creándome una excusa para decirle él porque ya no llegaría. Oh, peor aún, yo teniendo que levantarme, vestirme y dejarlo.  
   Así que, después de ese pensamiento, antes de que mi novio terminara de quitarme la blusa y entre los jadeos y los besos susurre
-Para, para
   No lo hizo. Sus manos se deslizaron debajo de mi blusa y sentí sus manos rodeándome la cintura mientras su boca—oh esa boca—bajaba hasta besarme el contorno de los pechos, haciéndome soltar un pequeño gemido de anticipación
   ¿Por qué detenerlo? Se sentía celestial. Empuje mis caderas hacia su cuerpo
   La carne es débil.
   Fue cuando la prenda estaba casi ya fuera de mí cuando volví a la realidad
-Sebastián—la voz no me salió tan grave como lo quise a causa de los jadeos
   Su boca detuvo sus besos en mis pechos y alzo la mirada. Mene la cabeza a manera de negación. Bufo fuertemente y juro que quería echarse a decir groserías; cómo no, yo andaba en las mismas
   Quito sus manos de mi blusa—de mi cuerpo—y me miro con decepción en los ojos. Tome su rostro entre mis manos—no podía evitar sonreír por su expresión—y le di un sencillo beso en los labios
-Sera mas difícil cuando me tenga que vestir para irme y lo sabes—alce la ceja
   Lanzo un gemido de dolor fingido y se dejo caer alado mío
-Ahora mismo creo que te odio—su voz estaba contenida
  Apoye la cabeza en mi codo y lo mire
-Guarda ese odio para mañana—mi tono de voz era pícaro y él lo noto al instante, regresándome la sonrisa y las reprimidas ganas de desvestirnos el uno al otro
   Y ahora estaba yo aquí, en la habitación de Edith, recordando y extrañando a mi novio que se encontraba a cinco minutos de donde yo me encontraba y que lo vería mañana a primera hora. Era ridículo, y tan ridículo que solo dolía pensar en lo que tendría que pasar cuando se marchara definitivamente
-¿En qué tanto piensas?—me pregunto Edith al ver que me tapaba la cara y frotaba los ojos
   Suspire
-En el hambre que tengo—susurre distraída
-Marcelo llegara con la pizza en una media hora—me informo
   Resulta que cuando llegue, él se había vuelto a ir, y se tardaría un poco. Me daría tiempo para contarle a lo sucedido con mis padres. Me levante de la cama y me puse alado de ella en el suelo, donde tenía la computadora en el regazo
-Tengo algo que contarte
-Dime—pero estaba distraída con la maquina que tenía enfrente
-Edith, es sobre mis padres—intente de nuevo
   Esta vez sí capte su interés. Me miro lentamente y le hice una mueca. Cerró la laptop y la dejo a un lado. Cuando me miro por segunda vez inclino la cabeza hacia un lado, diciéndome que empezara
   Y así lo hice, le conté todo y no me reserve los detalles. Comencé desde la llamada de mi padre para ir a su oficina para hablar conmigo después de que Sara me había corrido—hice una pausa para explicarle esto también—y la conversación que tuvimos que dio como resultado otra conversación con Sara.
-No, estas mintiendo—exclamo sorprendida
   Negué con la cabeza
-Carolina, esto está demasiado intenso—se llevo una mano a la boca—Bueno, eso explica todo, ¿no? El porqué la frialdad de tu madre y la distancia de tu padre
-Sí, se supone—mi mirada era baja
-¿Qué es lo que no te cuadra?—frunció el ceño
-No se… ni siquiera termino de entender la historia
   Se levanto y comenzó a caminar por la habitación
-Tienes que encontrar a tu padre biológico
    Entorne los ojos
-No me hagas esa cara, mujer—me regaño
   Solté una solitaria carcajada, que le siguió de pasarme la mano por los cabellos
-Sebastián también insistió en que lo encontrara—comenté en voz baja
   Edith se puso enfrente de mí
-No puedo decir que te entiendo, porque solo podría entenderte al estar en la misma situación pero… me acabas de decir que hay algo que no encaja y es eso
   La mire inmediatamente con el ceño fruncido, no la entendía
   Suspiro con desesperación y comenzó a caminar de nuevo por toda la habitación
-Necesitas encontrar a este hombre Fernando, y cuando hayas hablado con los tres—alzo la mano con tres dedos levantados—los tres involucrados en este revoltorio de relaciones, todo cuadrara
   Me frote los ojos por segunda vez en la noche
-No sé, Edith. No estoy preparada. Es mucha información para mí, todavía no la digiero toda
   Se calmo un poco y me miro con dulzura
-Bueno, tampoco tiene que ser mañana mismo, verdad—me sonrió y me tomo la mano— ¿Cómo te lo tomaste cuando recién hablaste con tu madre?—pregunto en voz baja
   Suspire pesadamente
-Me pelee con Sebastián—bufé—Comencé a gritarle por nada al cabo de los quince minutos de llegar. Cuando estuve con Sara sentada, ahí si lo tome todo muy bien—hice una pausa—todavía no entendía bien, ella se mostro tan cooperativa. Nunca había tenido una conversación tan larga con ella.
   Volví a hacer una pausa y me mire los dedos
-Tanta tranquilidad en ese restaurante que al llegar a casa se esfumo
-Y te descargaste con él—completo ella
   Torcí el gesto y me encogí de hombros
-Me tranquilizo al instante—las comisuras de mis labios de curvaron un poco al hacer una sonrisa
   Edith me correspondió la pequeña sonrisa
-Me alegra el saber que lo tienes
-Y que lo perderé—murmure, voz triste y pesada
   Se separo de mí y aplaudió dos veces.
-Basta de tristes charlas, cuando llegue Marcelo con la pizza estaremos todos felices




   Algunas veces no te das cuenta de cuánto extrañas a alguien hasta que lo tienes enfrente y recuerdas todos los pequeños detalles que sabes de ellos y te preguntas que paso a mitad de camino que perdiste de vista a esas personas.
   Bueno, para mí no fue tan difícil descubrir el por qué, y tampoco podía quejarme. Yo había elegido eso. Dos trabajos para conseguir dinero para la universidad no te da tiempo de socializar, y cuando acabe con eso fue porque mi novio se iba y tenía tiempo que aprovechar. Pero ahora había perdido a mis amigos de vista, a los únicos que tendría ahí después de la partida de Sebastián. Pero ahora yo también me iba
   Estábamos los tres tirados en el suelo alrededor de la caja de pizza ahora vacía. Marcelo cantaba a todo volumen su canción favorita, que se estaba escuchando desde la computadora, también a todo volumen. Edith solo decía que necesitábamos alcohol y que se le antojaba vodka, yo reía de a escena que contemplaba
-No tengo ganas de vomitar hoy, Edith—decía Marcelo entre las letras que cantaba
-¿Quién habla de vomitar?—replico ella, hablando con más volumen a causa de la música
-¿Después de contarte lo que acaba de pasar en mi vida amorosa crees que si me das una botella no terminare ciego?—justo al terminar la frase, volvió a alzar la voz con su canto
   Edith poso sus ojos en mí
-¿Tu si me apoyaras verdad?—se acerco mas
-Lo siento, pero yo tampoco tengo ganas de tomar—me encogí de hombros con culpa fingida, sonriéndole
   Bufo ruidosamente
-¿Qué paso con la Carolina que salía inconsciente de las fiestas y que jamás diría no a un shot?
-Muerta y enterrada por ahora
   La canción de Marcelo termino y este ya no puso ninguna otra, lo cual agradecí
-Cantas terrible—le grite mientras reía
   Este se acerco y me agarro la cara entre las manos
-Dime eso cuando no te nombre en mis agradecimientos cuando gane el Grammy
   Eso hizo estallar de risa a Edith. ¿Por qué no los había visto antes?
-Tengo que contarles algo, chicos—dije seria
-Espera—interrumpió Edith—tengo que sacar esto a la basura y checar que este bien cerrado en la tienda.
   Mi amiga doblo la caja y salió por la puerta. Marcelo se acomodo a mi lado, recargándose en la cama.
-Así que, ¿Cómo van las cosas con Sebastián?
-Bien…se podría decir que mejor que nunca—me pase la mano por la cara—honestamente me costó trabajo venir aquí a pasar la noche
-Apuesto a que sí. Es lo más frágil que te he visto en años
   Le mire a la cara
-¿No es nada fácil verdad?—me miro lleno de compasión
  Negué con la cabeza
-¿Por qué no te vas con él?
-Lo hemos considerado demasiadas veces, pero no es posible. No puedo vivir en casa de su abuela, sin estudios y sin el suficiente dinero. Aparte, nada dura para siempre y los dos lo sabemos muy bien… ¿Qué tal si terminamos mientras estamos allá? Estaría sola en una ciudad que no conozco
-Lo han pensado muy bien—dijo después de un momento
   Bufe
-Hemos considerado todas las opciones y ninguna…--ni siquiera termine la frase pero sé que él la entendió perfectamente
   En eso entro Edith y se sienta enfrente de nosotros
-¿Qué decías?—su tono alegre estuvo un poco fuera de lugar
   Cerré los ojos y suspire lo más hondo que pude
-Sí, solo les diré esto a ustedes porque son mis amigos más cercanos
-Oh dios mío, ¡estas embarazada!—exclamo Edith
-¡¿Queee?!—grito mi amigo
-¡No…!—trate de decir
-¡En la graduación me comentaste que seguías siendo virgen!—grito Marcelo indigno
   Edith rompió a reír con esa declaración
-¡Y era verdad! En el momento…—trate de defenderme
-¿Estas embarazada?—repitió Edith
-Claro que no—dije tranquila y segura— ¿me dejarían terminar?
    ¿Por qué la gente piensa eso?
-Detalles luego, ¿sí?—me susurro Marcelo
  Les comunique mí partida a Brasil, la cual no reaccionaron bien a ella. Tuve que hacerle unos cambios a la historia claro, como el que Roberto es un familiar que siempre ha vivido ahí y pequeños detalles. Aunque Edith sabe más o menos quien es Roberto no comente que era él, entre menos supieran mejor.
   Hubo a ratos hasta donde Marcelo se enojo y Edith me acuso de dejarla sola, pero al final lo entendieron. Entendieron que “mi tío” me ayudaría con la universidad, entendieron que ya no sería sano para mi quedarme aquí después de la partida de Sebastián, entendieron que era lo mejor y se dieron cuenta que tan feliz me hacia esto. Les prometí que vendría a visitarlos seguido y que pasaríamos más tiempo juntos hasta que me fuera.  
   Ahora los dos estaban dormidos. Eran las tres cincuenta y dos de la mañana; se podría prácticamente decir que ya eran las cuatro. No podía dormir, a esta hora sigo despierta alado de Sebastián, solo hablando… otras veces no. Pensé en salirme y llegar a la casa, pero eso sería muy patético.
   Edith y Marcelo dormían en la cama de ella, yo pedí el suelo. Los ojos me ardían por falta de sueño, pero no podía descansar.
   Cuando dieron las cuatro de la mañana, mi celular sonó. Era él
   Conteste de inmediato, con el corazón un poco acelerado. Me puse el celular en el oído y ninguna voz salió de este. Y comprendí; él tampoco podía dormir.
   Una sonrisa se extendió por todo mi rostro y pude escuchar un pequeño suspiro al otro lado de la línea. Me sentí mejor sabiendo que lo tenía ahí conmigo, incluso por teléfono.
   “Lamento estar en la cama equivocada” le quise decir pero no quise romper el silencio
   Después de un tiempo de estar con el teléfono en la mano, sin decir nada, se me fueron cerrando los ojos. Ya casi no sostenía el celular en el oído y pude escuchar a lo lejos que me decía “descansa” y eso hice, me quede dormida




  
Ya casi era medio día y estaba recién salida del baño. Marcelo ya casi se iba a la universidad, lo mismo con Edith.
   Esta última había pasado todo el tiempo desde que nos levantamos diciendo que tenía que tomar una prueba de embarazo
-¡Edith! ¡No estoy embarazada!—grite su nombre pero el resto lo dije quedito, su familia estaba cerca
-No me has contado los detalles de cómo perdiste tu flor—se burlo Marcelo
   Le sonreí
-Seria una larga charla—dije en tono de broma, pero era algo cierto
-Empieza por el tamaño de su pene—levanto una ceja
   Solté una carcajada y caí de sentón en la cama  
-¡Carolina!—Edith se puso a mi lado—Si tanto aclamas estar embarazada, ¿Por qué no te la haces y dejo de molestar?
-Dios, porque tanto interés en un bebe, Edith—hablo Marcelo
-¿Usan protección?—pregunto ella
-Todas las veces. No hay manera posible de que esté embarazada
   Pero honestamente, tanta era la insistencia de Edith que estaba rompiendo mi confianza. Pero yo estaba segura, ¿verdad? Un hijo con Sebastián… mi corazón se acelero
   Con Marcelo saliendo de la casa y los padres de Edith ocupados en la tienda mi amiga y yo nos quedamos solas en el baño. Ella tenía una prueba de embarazo en las manos. Me platico que hace unas semanas una amiga suya de la universidad tenía miedo de salir embarazada y compraron juntas una prueba, pero el mismo día a ella le vino el periodo y Edith se quedo con la prueba.
   La última vez que tuve mi periodo, este acabo días antes desde que Sebastián y yo lo hicimos por primera vez y según mis cálculos todavía me faltaban como dos semanas para que regresara.
   Orine en la pequeña cosa de plástico y esperamos juntas.
-¿Nerviosa?—susurro
  ¿Lo estaba? Medí mi respuesta por unos minutos
-No, ya te lo había dicho, yo estoy segura que no lo estoy
   Checo la hora en su celular
-Ya debería de estar el resultado
   Edith agarro la caja y leyó las instrucciones por segunda vez  “Una rayita es que no, dos es que si”
   Se levanto para agarrar la prueba y se le quedo viendo mucho rato, levanto la cabeza y me dijo el resultado


lunes, 21 de abril de 2014

Capitulo 45: "Desnuda en mi cama"

Parpadeé los ojos, se me cerraban solos. Me lleve una mano a la cara y me la frote, tratando de despejarme. Cuando logre enfocar los ojos, vi a Sebastián justo delante de mi cara, con un libro entre las manos. Estaba en sus brazos y me sostenía mientras leía.
   Me tuve que haber quedado dormida mientras lloraba
   Y él todavía no notaba que ya despertaba, así que me tome ese momento para mirarlo. Tenía el ceño casi fruncido, y sus ojos no se despegaban de la pagina—solo se notaba el ligero movimiento de la pupila al bajar con cada párrafo—se notaba la concentración en su rostro. Honestamente, se veía sexy.
   Ladeo un poco la cabeza para ver mejor la siguiente página. Sus labios hicieron un pequeño puchero que se fue tan rápido como apareció. Me parecía que sus pestañas estaban más largas que las mías, pero no más gruesas. Ese pensamiento me hizo sonreír. Me daban ganas de besarle toda su cara, pequeños besos de azúcar, pero no quería mancharle la cara con mis labios
   Se le tenso un poco la mandíbula mientras hiso el pequeño esfuerzo de cambiar de página—conmigo en brazos, tratando de moverme en lo más mínimo—me miro de reojo para ver si me había despertado y me descubrió mirándolo
   Su mirada se suavizo, su rostro entero se relajo y las comisuras de su labios se levantaron un poco en una leve sonrisa. Alargue mi mano, delicada y lentamente—como si al tocarlo se fuera a romper—y desplegué mis dedos de su frente a sus labios, por todo su perfil casi sin tocarlo. Moví mis dedos a su mandíbula y puse toda mi mano en su mejilla, acariciándola. El corazón me latía con fuerza, y supe que él también lo notaba
   Soltó el libro y sonó cuando cayó en el suelo. Como ya me tenía en sus brazos solo me abrazo más fuerte, y yo con una mano ya en su rostro, puse las dos.       
   Estábamos cara a cara, y tenía la necesidad de decir algo, quería decirle algo pero sentía que si hablaba el momento se quebraría y se acabaría y no quería eso. Cerré los ojos, poniendo mi frente en la suya y baje mis manos a sus hombros. Sentí su nariz acariciando la mía y luego bajándola, hacia mi cuello. Su respiración me cosquilleaba.  
   Su boca se abrió sobre mi piel, haciendo que inhalara aire de golpe



-Ya casi cumples años—susurre al tiempo que dejaba a un lado la esponja y la tina ya vacía
-Cierto
   Él ya casi terminaba su parte del carro. Lo estábamos lavando, mi bebe negro que hace mucho que no cuidaba.
-Sí que eres lento—bromeé con una sonrisa boba en mi cara
  Sebastián se limito a mirarme y echarme gotas gruesas de agua en la cara, y yo me cubri con la mano y un pequeño grito ahogado
-Ya enserio—dije mientras me paraba de la banqueta donde me había sentado— ¿Quieres una fiesta? ¿Un regalo? ¿Una fiesta sorpresa? ¿Un regalo sorpresa?
   Comenzó a reir y se sacudió el agua que le chorreaba desde los codos
-Lo pensare—me guiño el ojo
  Le sonreí y mire con complicidad, a punto de dar un paso hacia él
-¡Carolina!
   Los dos volvimos la cabeza al mismo tiempo para ver a Edith casi llegando al porche, donde nosotros nos encontrábamos.
   Al llegar a mi me abrazo fuerte, casi en lagrimas. Entramos juntas y subimos a la habitación de Sebastián y mía donde, ya sentadas en la cama rompió en llanto
   Hace tanto que no la veía…
   La estuve consolando un buen rato, hasta que se calmo por completo y se limpio el rostro enrojecido.
-¿Por qué fue todo eso?—le pregunte con dulzura
   Sacudió la cabeza y espere
-No fue algo en concreto, son muchas cosas que creo explotaron juntas—su voz era ronca debido a los sollozos
-Hay, hermosa… hace tanto que no te veía así
   Me contó todo lo que le había sucedido en las últimas semanas y unas cosas que le habían sucedido en los últimos meses. Problemas de trabajo, de la universidad y hasta con sus padres. Pequeñas gotas que fueron llenando el vaso hasta que este se derramó
   Me entristeció mucho el darme cuenta lo poco que la frecuentaba últimamente, me sentí pésima amiga y no me equivocaba.  
-Lamento no haber estado ahí, no tengo excusa—me pase las manos por los cabellos
-No tienes porque disculparte, tenias otras cosas en que pensar y mas importantes
   Le sonreí con tristeza
-Tú eres importante
-Más lo es Sebastián, y él ya casi se va
   Sacudí la cabeza
-No pienses así. Tu eres mi amiga y te descuide y te pido perdón así que perdóname—mi voz era un susurro
  Pasamos más rato en aquel cuarto, ella contándome todo a detalles. Volvió a llorar un poco y volvió a recuperarse. Sebastián en ningún momento nos interrumpió
   Comenzó ella sola a hablar de otros asuntos para distraerse, después de contarme todas sus estresantes situaciones que le sucedían últimamente. No me pidió consejos así que no se los di, más que aconsejarla necesitaba escucharla.
-¿Aquí duermen?—pregunto cuándo recorrió la habitación con la mirada y paro en la cama— ¿Juntos?—enarco una ceja con cierto tono de voz y con una sonrisa apareciendo en la comisura del labio
   Abrí la boca para cerrarla inmediatamente. No le había contado a nadie sobre eso, para empezar que no había visto a nadie para decirlo. Me había como aislado junto con Sebastián—incluso antes de vivir juntos, aproximadamente desde que me dijo la noticia de su partida—, sin darme cuenta de cuánto.
   Se escucho un carraspeo y Edith y yo volteamos la cabeza al mismo tiempo para ver a mi novio en el umbral de la puerta. Me alivio al saber que me salvaría de la pregunta que me acababa de hacer
-¿No tienen hambre?—dijo muy quedamente, murmurando
   Edith odiaba que las demás personas la vieran desmoronándose y Sebastián no era la excepción. Se enderezo y volvió a ser la mujer que yo siempre he conocido, toda alegre.  
-¡Claro!, más vale que cocines bien—se puso delante de Sebastián—No te muestres tan tímido conmigo, Sebastián. Como si no hubiéramos pasado como cinco décadas en la misma preparatoria.
   Las palabras de Edith con su expresión en el rostro sacaron una carcajada a Sebastián, que me espero cuando está siguió caminando para que yo saliera de la habitación también.
   Nos sentamos los tres en la pequeña y descolorida mesa a comer la sencilla cena que Sebastián preparo. Nos la pasamos hablando tranquilamente, poniéndonos al día—ella poniéndonos al día a nosotros—y también nos dio noticias de amigos de la preparatoria que ya no habíamos visto.
   Edith se veía un poco mejor que cuando llego, el llorar, desahogarse y la comida ayudo un poco. A mitad de la comida, el celular de mi amiga sonó.
-Ahorita vengo—y se levantó de la silla
   Se escucho el leve parloteo de su voz, por las escaleras. Creo que era su madre
   Sentí como me daban un leve golpe en la rodilla y cuando voltee a ver a Sebastián, este me miraba con una sonrisa
-¿Qué?—pregunte, contagiada con su risueña expresión
   Se encogió de hombros
-¿Te gusto la comida?—su voz era una risa contenida, estaba feliz. Al hacerme la pregunta no me volteo a ver hasta el final, cuando agarro algo de la comida con el tenedor y se la llevo a la boca
   Incline la cabeza y levante las dos cejas, “adivina” articule, Sebastián me volvió a tocar la rodilla con su pie, más fuerte que antes
-Auch—me queje, mientras le devolvía el gesto con una sonrisa tonta en mi cara
  Edith estaba en la entrada de la cocina, con una expresión divertida y rara. Dejo de vernos y dio una vuelta entera sobre sus talones
-¿Cómo es que casi no tienen muebles?—inquirió, apunto a la parte donde se supone estaba el comedor, que estaba vacío—Y la sala solo tiene dos sofás y una tele sostenida sobre algo raro
-Es una mesa vieja que teníamos desde hace años—respondió él.
-La mama de Sebastián vendió casi todo los muebles, otras se las llevo con ella y su hermana, el resto creo que se quedara aquí o también lo venderán
   Con eso, Sebastián asintió. Edith ya estaba sentada en su lugar, retomando su comida.
-¿Y qué me dicen arriba? ¿Misma historia? Se ve algo triste que este todo vacio, pero esta entretenido con el eco que ocasiona
-Para mí no es nada triste—respondí, encogiéndome de hombros
   Edith sonrió de oreja a oreja
-Por supuesto que no—hizo una pausa—Así que… ¿desde hace cuanto que cogen?
   Sebastián se atraganto y casi escupía el vaso de agua que estaba tomando y yo voltee a ver a Edith con los ojos muy abiertos, ella en cambio se echo a reír
-¿Cómo…?—comencé a decir
-¡Por favor! Viven juntos, duermen en la misma cama, ya están grandecitos como para no hacerlo y se les nota. Se comportan diferente desde la última vez que los vi juntos—se llevo un dedo cerca del ojo, como una señal de que sabe observar
   Y vaya que lo hacía
   Sebastián al limpiarse el agua que se cayó del vaso por la sorpresa de la pregunta, ahora reía.
-Me lo pudiste haber dicho antes, verdad—dijo en tono de sarcasmo, encogiéndose de hombros y jugando con la comida
   Solté una risa, una ligera y solo le agarre la mano y se la apreté
-Te daré los detalles luego—le susurre
   Edith se concentro en un nuevo mensaje que le llego y Sebastián me dirigió una mirada coqueta, levantándome una ceja
-¿Detalles?—artículo
   Le guiñe el ojo



   Ya empezaba a obscurecer
   Más tarde—sin Sebastián en la casa—estaba lavando los platos, Edith se encontraba sentada alado del lavabo con el celular en la mano
-Marcelo te manda saludos
   Me sacudí el jabón de las manos con una sonrisa en la cara, como extrañaba a mi blanca nieves
-Dile que lo extraño tanto—enfatice la última palabra
   Edith comenzó a mover los pulgares, escribiendo el mensaje
-Le estoy contando de tu nueva y rara forma de vivir
-¿Rara?—fruncí el ceño, confundida
-Bueno, no rara—dejo el celular a un lado—diferente. Te ha venido bien mudarte de la casa de tus padres
   Mis padres. Todo lo que Edith no sabía y hace poco descubrí. ¿Cómo decirle? ¿Cuándo decirle?
-Sí, pero no durara mucho—dije apática.
   ¡También tenía que decirle que me ira a vivir a Brasil! Me di mentalmente palmadas en la cabeza
-Me alegra saber que elegiste estar a su lado todo el tiempo posible hasta que se marche—susurro
   Intente sonreír
-Yo también
-Bueno—levanto las manos—dejemos esas cosas atrás. Tenemos que ponernos al día en muchas cosas
-Demasiadas—dije recordando todo lo ocurrido estas últimas dos semanas
-Si, como los detalles de tu nueva vida sexual—bromeo ella
   Le dedique una mirada alegre
-No te vas a escapar de esa charla, amiga—dijo como quien no quiere la cosa mientras se bajaba de la barra
-Oh, sé que no lo hare—no conociéndola
-Quédate a dormir a mi casa, ¿sí?
   Como le estaba dando la espalda no vio mi expresión. ¿Dormir en un lugar que no sería la cama de Sebastián? ¿Tan rápido me había malacostumbrado?
   Me di la vuelta, con las manos mojadas en busca de una toalla. Edith me paso la que estaba colgada alado del refrigerador.
-Gracias—dije—me encantaría, Edith—le sonreí
-Puedes decirme que no, se que no debería mantenerte alejada de Sebastián—hizo una mueca
   Baje la mirada, no quería decirle que no… pero me costaba decir que si también
-No sé qué diría Sebastián—trate de quitar un poco el foco de atención de mí
-¿Se negaría?—pregunto, mas para ella que para mí— ¡Di que si!—me agarro las manos—Marcelo también estaría ahí
   Se me ilumino el rostro
-¿Enserio?
   Eso cambiaba un poco la cosa, la noche con dos amigos y tanto que decirles
-Di que si—repitió emocionada
-Ya había dicho que si—reí  


   Esperaba que Sebastián regresara mientras Edith me esperaría en su casa, se había ido porque Marcelo ya había llegado.
   En nuestra habitación agarre una pequeña bolsa donde puse una blusa larga para dormir y ropa interior limpia, para bañarme al día siguiente.
   A mitad de la acción, Sebastián se recargo en el marco de la puerta. Me le quede viendo, no lo había escuchado entrar ni subir las escaleras.
-Tan mal compañero de cuarto soy que te iras de la casa—bromeo pero su rostro era serio
-Pasare la noche en casa de Edith—murmure sin mirarlo
   Escuche sus pasos que se acercaban a mí y al levantar la vista lo encontré con el ceño fruncido y las manos en las bolsas delanteras del pantalón. Baje de nuevo la mirada, dejando la mochila—casi vacía—ya lista a un lado. Yo sentada en la cama, el se hincó delante mío y puso un dedo en mi barbilla, haciéndome alzar la cara y verlo a los ojos
-Ah
   Y pude ver su reacción porque yo tuve la misma
-Ya agarramos la costumbre, que dadas las circunstancias es mala
-Ya me di cuenta—susurro
   Se levanto y salió de la habitación ¿Se habrá enojado? No creo. Escuche que entraba al baño y cerraba la puerta.
   Casi inmediatamente me levante y camine hasta el baño, abrí la puerta y él estaba lavándose los dientes. Me pase la mano por los cabellos mientras el terminaba con el cepillo. Para el momento que acabo, me recargue en el marco de la puerta y nos miramos mutuamente
-¿Estas molesto?
-¿Debería?—frunció el ceño
-No sé, dime tú—dije bruscamente
   No me volteo a ver y paso a mi lado saliendo del baño, cerrando la puerta.
   Me quede viendo la puerta cerrada, tratando de pensar. Pensar que decir y qué hacer. Bueno, se veía molesto pero ya no puedo echarme para atrás, necesito esta noche con Edith para ponerla al día con mis asuntos y sobre todo con los suyos y más que nada también necesitaba decirles tanto a ella como a Marcelo que me iba a vivir a otro país.
    Abrí la puerta y baje para encontrarlo pero no estaba en ninguna parte, estaba segura que tampoco se encontraba arriba. Salí al porche y ahí estaba el, sentado en el suelo alado de la puerta, con un cigarro en la mano.
-Por un momento creí que me habías dejado—trate de bromear
   Alzo la mirada y trato de sonreír, el resultado fue una mueca. Apago el cigarro y lo tiro a un lado. Me senté enfrente suyo lo más cerca que pude de su rostro
-Solo dime que no estás molesto  
-Y no lo estoy, Carolina
-Tu actitud me dice otra cosa
-No me culpes por lo que crees entender de mi lenguaje corporal—su tono era cortante
   Me hizo a un lado—algo brusco—para levantarse y entro a la casa. No me moví, no sé ni siquiera lo que me pasaba por la mente. No es propio de Sebastián esta actitud, mucho menos ser brusco conmigo. No habíamos peleado desde que me mude a su casa, lo cual era una especia de record.
   Salió unos segundos después de haber entrado
-Perdóname—murmuro
   Me tendió una mano para levantarme y yo la tome de buena gana
-Perdón—repitió, tomándome la cara entre las manos
   Trague saliva ruidosamente y camine hacia la vieja mecedora, Sebastián se sentó a mi lado
-No, no estoy molesto, estoy decepcionado—suspiro—es una decepción saber que no te tendré en mi cama bellamente desnuda toda la noche
   Me miro de reojo, queriendo saber mi reacción. Esas palabras fueron un intento para tratar de distraerme, lose, pero eso no significa que no me derritiera por dentro
-Aparte no hemos hecho nada como desde… ¿un día? Eso es bastante
   Bufe, tratando de reprimir la sonrisa
-Tengo que ir, Sebastián. Tengo que decirles que me iré a otro país y quiero contarle a ella todo lo que ha pasado con mis padres—lo mire a la cara—yo también quiero estar desnuda en tu cama—use sus palabras, lo que hicieron que inconscientemente se acercara un poco—pero también quiero y necesito una noche de amigos, Marcelo estará ahí
    Sus ojos no se apartaron de los míos mientras dejaba escapar un largo suspiro. Lentamente dejo caer su cabeza en mi regazo y acomodo sus piernas al doblar las rodillas para caber en el pequeño espacio donde estábamos sentados. Yo, por otra parte, comencé a acariciarle el pelo y rostro, cerró sus ojos ante mis pequeñas caricias
-Es solo que…
-Lo sé—murmure
-Tan mal acostumbrados que estamos
-Lo se
-¿Qué será de nosotros cuando…—ni siquiera lo deje terminar la frase al poner un dedo sobre sus labios
-Lo sé—le sonreí con cierta tristeza—un asunto a la vez, ¿sí?
   Agarro mi mano que iba viajando por su cuello y se la llevo a los labios, donde comenzó a darle pequeños besos
-Te amo—susurro entre uno de ellos
   Una enorme sonrisa se dibujo en mi rostro
-Podrías tenerme desnuda en tu cama la próxima noche
-No, te tendré desnuda en mi cama ahora

   Se levanto rápidamente y entre mis carcajadas me cargo en brazos y me llevo dentro 

martes, 28 de enero de 2014

Capitulo 44: "Fernando"

Al final termine usando el mismo vestido blanco informal que use para visitar a Ignacio, con mi cabello convertido en una cebolla alta.
   Sentada en donde estaba, no podía estar más nerviosa. Intente pensar en que le diría, intente recordar mi conversación con Ignacio. Pero ni siquiera las preguntas que toda mi vida me he hecho pude recordar.
   No pienses tanto, que se diga lo que se tenga que decir
   Vi a Sara entrar por la gran puerta de arco dorada y respire hondo. Aquí vamos
   Sara se sentó enfrente mío, llamo a la mesera y pidió un refresco light con pocos hielos
-Agua, por favor—dije cuando el mesero se dirigió a mí
   Al irse el hombre, Sara me miro por primera vez
-Así que… aquí me tienes
   Estaba más amable que la última vez que nos vimos, que fue cuando me corrió de su casa
   Sonreí a medias, sin intención de verdad de sonreír
-Por dónde empezar—pensé en voz alta
   El mesero regreso, dándome más tiempo. Nos entrego el menú pero Sara decidió al instante, y yo para no perder más tiempo pedí lo más barato.
-Ahorita se los traigo—el mesero tomo las cartas y se marcho
   Le di un trago largo a mi agua helada
-¿Has hablado con Ignacio?
   Levanto una ceja
-¿Qué si he hablado con mi esposo?
   Sé que debí de ser mas especifica pero intentaba orientar mis palabras
-Pues nada importante, o que te incumba. Me comento que fuiste a verlo a su oficina.
   ¿Empezaba ahora con el interrogatorio? ¿O esperaba a que se mostrara más cooperativa? Si empezaba ahorita el mesero llegaría a interrumpirnos. ¿Necesitaba una interrupción? Tal vez podría decirle de lo que se trata esto y con esa interrupción…
-No estás embarazada, ¿verdad?
   La voz de Sara me saco de mis pensamientos sin sentido. Al procesar estas palabras me enderecé para verla con los ojos abiertos… para después soltar una carcajada  
   Me retorcí un poco en mi silla a causa de la risa, pero a Sara no le hacía ninguna gracia. Trate de contenerme pero la risa me salía involuntaria.
   ¿Embarazada? Jamás
-Oh, perdón—dije apaciguada—Pero no, no es eso.
  Cuando se tardo en contestarme, la mire. Sus ojos me inspeccionaban más de lo que deberían. Me puse seria inmediatamente
-Sara, no lo estoy
   Se recargo en su silla con gesto burlón
-Bueno, como no querías que lo pensara si estás viviendo con un hombre.
   Entorne los ojos. Ahí estaba mi madre enfrente de mí, la vi de verdad por primera vez en años. Con su pelo rubio teñido, corto hasta el hombro y su figura casi perfecta a pesar de su edad—evidencia de su largo tiempo estando en el gym. Sus manos eran tan delicadas como toda señora adinerada las tenia; perfectas uñas cuidadas y anillos de oro y plata.  
   A contrario de con Ignacio, tenía mucho parecido con ella. Por fotos que me enseño la abuela antes de marcharse junto con la tía Carmen, Sara y yo compartíamos tono de cabello hasta que se lo tiño rubio, mucho antes de que yo naciera. Tenía su nariz respingada y su carácter, ese carácter duro, frio y orgulloso. Había adquirido alguno de sus gustos y un ejemplo claro era ver sus manos y las mías; eran demasiado parecidas con las uñas largas y todos los anillos que lo adornaban. Me parecía más a ella de lo que me gustaría, pero que le hacía. Era mi madre después de todo  
   Mire alrededor para echarle un vistazo al lugar desde que me senté. Estaba casi lleno y se escuchaba mucho ruido por las conversaciones animadas que tenían cada una de las mesas. El restaurante tenía varios salones privados y un área de juego para niños, lleno de estos con sus gritos y risas.
   En otros momentos me hubiera encantado escuchar risas de infantes, pero ahora quería mandarlos a callar de una manera no muy amable.
   Me lleve las manos a la cabeza y me masaje los ojos.
-De que se trata todo esto—pregunto Sara, impaciente
-Fui a la oficina de Ignacio porque él me lo pidió, no esperaba que me confesara cosas. Pero lo hizo—hice una pausa larga y la mire a los ojos, esos ojos color marrón—El sospecha que tal vez no sea su hija
   Los ojos de mi madre se ensancharon por la sorpresa. Comenzó a respirar más rápido y se quedo inmóvil por varios—muchos—segundos. El mesero llego con nuestra comida  y agradecí la interrupción.
-¿Alguna otra cosa que se les ofrezca?
-No, muchas gracias—le sonreí al mesero que se retiro rápidamente
   Sara todavía no se recuperaba de mis palabras y no la presione. El plato que estaba frente mío estaba lleno de comida que no sabía que era, pero tenía papas a la francesa así que no podía quejarme. Agarre una y me la lleve a la boca, estaba muy salada; como me gustaban.
-Carolina—la voz de Sara hasta parecía débil, tenía un nudo en la garganta—¿Qué acabas de decir?
-Me conto todo lo que el sabia, lo que sospechaba y me dijo que mejor debería de hablar contigo. Me dijo que tu no sabías que el sabia, pero que podría decírtelo. Que me merecía respuestas.
-No entiendo—dijo confundida, muy confundida
-Yo tampoco
   Pero si entendíamos una cosa, ella sabía que yo me refería a su infidelidad
   Me miro a los ojos, y pude ver lo dolida que se encontraba. De seguro estaba luchando con sus fantasmas internos del pasado, ahora desatados. Trague saliva ruidosamente
-¿Qué paso antes y después de mi nacimiento? Hablo del matrimonio entre ustedes. Si no me lo quieres decir, está bien
   Y lo decía enserio, si no me lo quería decir me marcharía de ahí convenciéndome a mi misma que intente todo sin ser así. ¿Por qué debería de asustarme este asunto? ¿Por qué? No entendía, no debería de tenerle miedo a una verdad que paso hace más de 18 años. No debería, pero lo hace.
-Ignacio y yo decidimos solo tener una hija—comenzó
   Oh, oh. ¿Quería escuchar esto?
-Me cuide después de tener a Lorena. Anticonceptivos y esas cosas—agito la mano, restándole importancia—No quería más hijos de un hombre que yo no amaba
   Una verdad confirmada: Sara nunca amo a Ignacio.  Siempre supuse eso, que ella solo se caso por dinero.
   Me miro, como si me estuviera leyendo el pensamiento y confirmándome algo que siempre supe
-Tuve depresión post-parto pero Ignacio nunca lo noto, y comprendí que parte de mi depresión era su culpa—los recuerdos la arrastraron, lo supe por la expresión de su rostro—Y no hubiera mejorado de no haber sido por él… Lo conocí en una de las reuniones de amigos de Ignacio. Bien parecido pero un poco mayor que yo, alto, robusto y soltero—se llevo un dedo a los labios, con una media sonrisa
   Agarre una de mis papas y me la lleve a la boca. Sara bajo la mirada hacia su comida y, agarrando la cuchara, se llevo un trozo a la boca. Trago al cabo de unos segundos y volvió a repetir el acto; tres veces.
-No recuerdo ya como comenzó todo, pero comenzó algo. Comenzó lo que sería una de las cosas más emocionantes y alegres que nunca me ha pasado. Sin duda la mejor etapa de mi vida. Me enamore perdidamente de Fernando
   Fernando.
   Sara volvió a comer, tan lento como pudo. Y seguía sin presionarla. Recordé aquella noche—hacia años ya—donde yo le conté toda mi infancia a Sebastián. Recuerdo que yo también me tarde demasiado contando mi historia, sumergiéndome entre los recuerdos. Por eso mismo estaba lidiando ella y tal como Sebastián lo hizo conmigo, no la presionaría.
-Nuestro romance duro dos años, luego supe que estaba embarazada… de ti
   Su mirada me penetro como una acuchillada. Entrecerró los ojos, observándome
-Te pareces tanto a él—se lamento, el tono de su voz iba de sufrimiento a frialdad—Tienes su boca y sus ojos, y cada vez que miraba en tus ojos me recordaba a lo que había perdido.
   No soy hija de Ignacio
   Soy hija del tal Fernando, aquel hombre que nunca conocería. No era una Montes, nunca lo fui.
-Cuando naciste fui tan feliz. Eras fruto del amor que le tenía a Fernando, que era muy grande. Fuiste una bendición, fuiste el pequeño sol de mi vida
   Desvié la vista de su rostro. Eso fue demasiado para mí. Recuerdos de los golpes llegaron a mi mente como disparos, cerré los ojos tratando de borrarlos
-Tengo cicatrices en todo mi cuerpo, por tu culpa—susurré con un nudo en la garganta— ¿Pequeño sol de mi vida? ¿Bendición? ¿Fruto del amor? Eso es pura mierda—dije llena de rencor
   Sentía puñaladas en el estomago de puro coraje
-Se que nunca debí maltratarte pero…
-¿Pero qué?—casi grite
-Yo creí que Fernando también me amaba, me lo decía y me lo demostraba siempre—se podía sentir la tristeza de su voz—Al decirle la noticia de ti se alegro tanto—bufo con el recuerdo
  Con la historia a la mitad contada, me pregunte si algún día perdonaría a mi madre por todo. Aun contándome sus razones para hacerlo—un corazón roto—no creía capaz. Pero esto era algo que tenía que saber, no podía marcharme ahora.  
-Me convenció a decirle todo a Ignacio y largarnos a hacer nuestra vida juntos. “Una vida nueva, Sara” me había dicho. Hasta nos íbamos a largar a otra cuidad los cuatro: Él, Lorena, tú y yo. No podía pedirle nada más a la vida.
   Unas lágrimas cayeron por su rostro y ella las limpio rápidamente, volteando a otra parte. Casi podría sentir sus emociones de tan fuertes que eran.
-Fue a verme al hospital cuando me alivie, te sostuvo, te dio un beso en la frente y dijo que olías delicioso—rio entre dientes y yo sonreí un poco involuntariamente. Mi padre dijo que olía delicioso—Él fue quien dio la idea de tu nombre y yo acepte. Sin embargo, había algo diferente en el. Cuando me besó para despedirme, sentí su actitud diferente, distante. Y ese beso fue el último que nos dimos.
-¿Qué paso después de eso?
-Se largó. Sin explicación, sin mensajes; simplemente me dejo—hizo una pausa muy larga—Nos dejo. Yo tenía 35 años y ahora que han pasado casi 19, no he sabido nada de él. 35 años, un matrimonio fallido, dos hijas y un romance trágico
   La mire con el ceño fruncido.
-Y decidiste descargar tu ira en mí, ¿no es así? Ignacio me comento que comenzaste a alejarte cuando comencé a crecer
-Cada día te parecías más a él. Ahora que me dices que Ignacio siempre lo supo no me sorprende que él igual siempre se mantuviera alejado de ti.
-Quiero una explicación Sara—había desesperada lamentación por mi misma en mi voz
-No la hay, Carolina. Ya te conté mi tragedia, siempre he lamentado la manera en que te he tratado, créeme—se inclino hacia mi—Si eso es lo que quieres escuchar de mi; perdóname por todo lo que te hice pasar, y sé que siempre has pensado que nunca te ame, pero lo hice y lo hago. Ame tanto a Fernando, te ame tanto a ti que me mataba. No podía salir corriendo como siempre quise, sí me descargue en ti y me arrepiento como no tienes idea, pero ver tu rostro me mataba. Me hacia recordar todas las cosas que pude y estuve a punto de tener, recordar la vida que Fernando me hizo imaginar pero nunca me dio. Y la promesa de disfrutar lo nuestro sin tener que ocultarnos, el de poder dormir noches enteras y despertar despreocupados; uno al lado del otro
-Me causaste tanto daño—ahora yo estaba a punto de derramar lagrimas—no tenias ningún derecho
-Me habría gustado tanto que todo hubiera sido de manera distinta.
-La que mas salió perdiendo de este amorío fui yo—puse mi puño en la mesa, agitando un poco a Sara—Es tan injusto que tu excusa sea que me parezco a él, yo no tengo la culpa de parecerme a mi padre, yo nunca tuve la culpa de nada. Hicieron toda mi vida un pequeño infierno, tu y él. Nunca pensaron en mi; él al dejarme y haberme podido darme una vida mejor y tú con tus golpes y rechazos. Par de egoístas—le escupí las palabras y trate de contenerme.
   Me tape la cara con las manos y respire hondo
  ¡Contrólate, contrólate, mujer!
   Me sorprendió demasiado sentir la mano de Sara sobre la mía. Todavía con la respiración acelerada la mire a la cara y pude ver su rostro crispado. Era la primera vez en mi vida que trataba de consolarme
   Y todo lo vi en su expresión. Sus disculpas, sus remordimientos, su culpa, su tristeza; vi a la verdadera mujer que era mi madre.
-Ya supere hace mucho tus maltratos—susurre—Pero no creo poder perdonarte
-Lo sé. Lamento nunca haber estado ahí, lamento no haber sido una buena madre. Siento nunca haber festejado un cumpleaños, pero ese era el día más difícil de todos. Lamento haberte corrido de la casa, puedes regresar en cualquier momento.
   Negué con la cabeza y retire mi mano de la suya. Hasta podía causarme gracia que tanto Ignacio como ella se disculparan conmigo por lo sucedido en el pasado.
-No regresare a esa casa—dije cortante
-Eres hermosa, hija
   Aquello me sorprendió
-Siempre lo he pensado, esa belleza heredada de tu padre. Estaría tan orgulloso de ti, lo sé. No creas que no he notado lo fuerte e independiente que eres
   Bueno, no gracias a ninguno de los dos
   Asentí de mala gana
-Es demasiado el rencor que sientes hacia mí, ¿verdad?
-Tanto como tu enojo cuando me veías a la cara y te recordaba a él. No te juzgo, nunca lo hare. Se hacen demasiadas cosas cuando uno está enamorado
-Y tu ya has de saber eso, no es así—levantó una ceja
   Sonreí a medias, una sonrisa genuina al recordar a Sebastián.
   Ya no había más que decir del tema, las preguntas que me había formado en la cabeza estaban ahora claramente contestadas.
-Sara, te hable también para comentarte otro asunto
  El semblante de Sara todavía tenía tristeza en el, pero trataba de alejar esa emoción, volvió a agarrar la cuchara y comenzó a comer. Hice lo mismo
-¿Recuerdas a Roberto?
-Como olvidarlo—hablo con la boca llena
   Quise entornar los ojos. Roberto nunca simpatizo a mi madre, ella sabía perfectamente quien era en mi vida y no le gustaba. Siempre me castigo por irme con él y cuando le grite que él era más padre de lo que ellos dos nunca serian recibí lo que recuerdo fue mi último golpe salido de ella.
-Me iré a vivir con él, a Brasil.
   Levanto la cabeza bruscamente
-¡¿Qué?!
-Ya está haciendo el papeleo, iré a la universidad allá, viviré con Doña Piedad
   Sara también sabia quien era Doña Piedad, que tampoco la apreciaba. Siguió comiendo sin mirarme. Hablo al casi acabar su plato
-Supongo que no puedo detenerte
-No—dije de inmediato
-¿Cuándo?
-En un poco más de un mes, aproximadamente.
-¿Y tu novio?—aventuro
   Sentí una punzada en el pecho
-Se reunirá con su familia a España, donde comenzara sus estudios
-¿Emma y la niña están en España?—pregunto con el ceño fruncido
  Emma y ella hablaron varias veces, después de todo eran vecinas.
-Y él los alcanzara dentro de un mes aproximadamente
   Suspiro pesadamente, juntando las manos delante de ella
-¿Regresaras?
-No se—no lo había pensado y no quería indagar por ahí
-Vaya—levanto sus cejas—Te hicimos más daño del que nunca podremos imaginar, ¿verdad?




   Me baje del carro y camine lentamente todo el porche hasta quedar enfrente de Sebastián, que estaba sentado contra la puerta principal y un cigarro en la mano
-No creas que no me he dado cuenta que solo fumas cuando estoy fuera
   Se encogió de hombros y me puse a su lado
-Se que no te gusta el olor
   Me encogí yo de hombros y le agarre el cigarro de la mano y me lo lleve a la boca. Sebastián me observo con una sonrisa y cuando solté el humo pregunte
-¿Qué?
   Rio entre dientes
-Nada—se volvió a recargar—me vas a contar todo o tendré que sacártelo a golpes
   Suspire. Antes de levantarme de la mesa, Sara me dijo el apellido de mi padre biológico.
-Tal vez algún día decidas buscarlo, por las dos—había murmurado con seguridad
   Sebastián se le acabo el cigarro y lo tiro lejos. Agarro dos de su bolsillo junto con un encendedor y me tendió uno, para después prender ambos
-Estuvo bien, supongo. Estuvo más cooperativa de lo que nunca imagine, e igual que Ignacio, me sorprendió—solté humo—Tuvo un romance con un amigo de Ignacio
-¿Entonces él no es tu padre biológico?
   Lo mire a la cara, y se veía que estaba confundido
-No—alzo las cejas en sorpresa—Fernando Cadaval lo es
   Hubo un momento de silencio, uno largo
-Ya veo. ¿Fue una buena historia la que te conto?
-Se ahorro el lujo de detalles. Decidieron solo tener una hija, luego a Sara le dio depresión post-parto y apareció este señor. Duraron dos años hasta que Sara se embarazo de mi.
-¿Y luego él se fue?
   Negué con la cabeza. Observe el cigarro que se consumía lento, y suspire pesadamente
-Se iban a escapar, Sara le diría de la aventura a Ignacio y también iban a llevarse a Lorena. Cuando nací fue a verme al hospital a mí y a mi madre. Sara me dijo que me cargo—inhale—supongo que fue solo a despedirla porque después de eso ya no regreso.
-¿Sin explicación?
-Sin explicación—sacudí la cabeza—Es muy difícil imaginarla enamorada y con un corazón roto.
-¿Te dio explicación para su maltrato hacia ti? O esa es la explicación
-Suena ridículo, pero lo es. Dice que me parezco mucho a él, que tengo su boca y sus ojos, que a veces ni podía verme—mi voz sonaba cortante
   Traté de ponerme en los zapatos de Sara, al menos por un minuto. Teniendo una aventura imprudente porque no amaba a su marido. Y llegando amar a otro, durando casi tres años de amante, y quedar embarazada. Planear toda la escapatoria—ella menciono que hasta se mudarían de ciudad—eso es demasiado para confesarle a tu marido—aunque Ignacio ya lo sabía—Se debe de estar muy enamorada para hacer todas esas locuras, ¿no? Para que al final todo se fuera a la mierda. Todo lo que ella planeo para un futuro, eso lo podía entender y perfectamente. Todo se te fue a la mierda, eso es lo que me esta pasado a mí. Con la excepción que yo no seré dejada con un bebé. 
   Tal vez ella pensó que yo sería un consuelo al principio pero conforme fui creciendo vio que sería todo lo contrario. Ahí era donde tenía que ponerme en sus pies, ese era la situación donde yo tenía que entenderla. Yo era un recordatorio diario, verme le debió de resultar doloroso, tal vez insoportable pero… ¿maltratarme de la manera en que lo hizo? Si no soportaba verme, ¿Por qué no me dejo irme con Tía Carmen cuando me ofreció irme con ella? Fue injusto para ella como lo fue para mí, pero fue peor para mí.
   Y Fernando al margen de todo esto, sin tener idea de lo que dejo atrás.
-¿Por qué crees que se haya marchado?—dijo ido en pensamientos, igual que yo
   Me encogí de hombros
-Tal vez no la quería lo suficiente—baje mis ojos, no queriendo aceptar eso
   Sí, eso sonó cruel
-Nunca se sabe—sacudió la cabeza, con el ceño fruncido—un hombre no hace planes para escaparse con dos hijas que no son de él solo porque si, a menos que sea un hombre muy cruel
   Lo mire consternada, pero se veía que estaba seguro de sus palabras
-Siempre se tienen dos versiones de la historia—concluyó
-Bueno, yo nunca sabré la suya—murmure, llevándome lo ultimo del cigarro a la boca
-No te dijo porque nunca lo busco, digo ¿al menos lo intento?
   Fruncí el ceño, no había pensado en eso
-Bueno, si Sara y yo tenemos algo en común es el orgullo. Si alguien me dejara embarazada con promesas de llevarme lejos de un matrimonio no deseado con otra hija que no es de él y al final se largara… no lo buscaría.
-¿No lo buscaras tú?—pregunto, con el ceño de nuevo fruncido. Tiro su cigarro lejos
   Y algo dentro de mi hizo bum
- ¡Sebastián, incluso aunque le hayan puesto una pistola en la cabeza al hombre para que se marchara jamás regreso!—grite—Y ya han pasado 18 años, el interesado debería de ser él, ¿no? ¡Y al parecer no lo está! ¿Por qué yo sí debería? ¡Apenas me acabo de enterar de su existencia hace unas horas!
   Y conforme gritaba estas palabras mi voz se fue quebrando. Tenía un nudo en la garganta. Había durado años sin llorar, perfectamente. Pero desde que Sebastián me dio la noticia que se iba, llore mares, derribando todos los muros que tenía separando las lagrimas de las emociones. Aquellas paredes que puse atreves de los años y las experiencias, estaban ahora derrumbadas. ¿Cuánto me tardaría en volver a separar esas dos cosas? Tal vez mucho tiempo.
   Y ahora, por culpa de eso el nudo en la garganta convertia lágrimas en los ojos. Trate de controlarme pero no sabía cómo, había olvidado cómo.
   Mire a Sebastián
-Perdóname, no pretendía gritarte—susurré
   Me tendió la mano y me llevo adentro de la casa donde, sentándose en el sillón, me acomodo en su regazo. Deje llevarme por las lágrimas