lunes, 21 de abril de 2014

Capitulo 45: "Desnuda en mi cama"

Parpadeé los ojos, se me cerraban solos. Me lleve una mano a la cara y me la frote, tratando de despejarme. Cuando logre enfocar los ojos, vi a Sebastián justo delante de mi cara, con un libro entre las manos. Estaba en sus brazos y me sostenía mientras leía.
   Me tuve que haber quedado dormida mientras lloraba
   Y él todavía no notaba que ya despertaba, así que me tome ese momento para mirarlo. Tenía el ceño casi fruncido, y sus ojos no se despegaban de la pagina—solo se notaba el ligero movimiento de la pupila al bajar con cada párrafo—se notaba la concentración en su rostro. Honestamente, se veía sexy.
   Ladeo un poco la cabeza para ver mejor la siguiente página. Sus labios hicieron un pequeño puchero que se fue tan rápido como apareció. Me parecía que sus pestañas estaban más largas que las mías, pero no más gruesas. Ese pensamiento me hizo sonreír. Me daban ganas de besarle toda su cara, pequeños besos de azúcar, pero no quería mancharle la cara con mis labios
   Se le tenso un poco la mandíbula mientras hiso el pequeño esfuerzo de cambiar de página—conmigo en brazos, tratando de moverme en lo más mínimo—me miro de reojo para ver si me había despertado y me descubrió mirándolo
   Su mirada se suavizo, su rostro entero se relajo y las comisuras de su labios se levantaron un poco en una leve sonrisa. Alargue mi mano, delicada y lentamente—como si al tocarlo se fuera a romper—y desplegué mis dedos de su frente a sus labios, por todo su perfil casi sin tocarlo. Moví mis dedos a su mandíbula y puse toda mi mano en su mejilla, acariciándola. El corazón me latía con fuerza, y supe que él también lo notaba
   Soltó el libro y sonó cuando cayó en el suelo. Como ya me tenía en sus brazos solo me abrazo más fuerte, y yo con una mano ya en su rostro, puse las dos.       
   Estábamos cara a cara, y tenía la necesidad de decir algo, quería decirle algo pero sentía que si hablaba el momento se quebraría y se acabaría y no quería eso. Cerré los ojos, poniendo mi frente en la suya y baje mis manos a sus hombros. Sentí su nariz acariciando la mía y luego bajándola, hacia mi cuello. Su respiración me cosquilleaba.  
   Su boca se abrió sobre mi piel, haciendo que inhalara aire de golpe



-Ya casi cumples años—susurre al tiempo que dejaba a un lado la esponja y la tina ya vacía
-Cierto
   Él ya casi terminaba su parte del carro. Lo estábamos lavando, mi bebe negro que hace mucho que no cuidaba.
-Sí que eres lento—bromeé con una sonrisa boba en mi cara
  Sebastián se limito a mirarme y echarme gotas gruesas de agua en la cara, y yo me cubri con la mano y un pequeño grito ahogado
-Ya enserio—dije mientras me paraba de la banqueta donde me había sentado— ¿Quieres una fiesta? ¿Un regalo? ¿Una fiesta sorpresa? ¿Un regalo sorpresa?
   Comenzó a reir y se sacudió el agua que le chorreaba desde los codos
-Lo pensare—me guiño el ojo
  Le sonreí y mire con complicidad, a punto de dar un paso hacia él
-¡Carolina!
   Los dos volvimos la cabeza al mismo tiempo para ver a Edith casi llegando al porche, donde nosotros nos encontrábamos.
   Al llegar a mi me abrazo fuerte, casi en lagrimas. Entramos juntas y subimos a la habitación de Sebastián y mía donde, ya sentadas en la cama rompió en llanto
   Hace tanto que no la veía…
   La estuve consolando un buen rato, hasta que se calmo por completo y se limpio el rostro enrojecido.
-¿Por qué fue todo eso?—le pregunte con dulzura
   Sacudió la cabeza y espere
-No fue algo en concreto, son muchas cosas que creo explotaron juntas—su voz era ronca debido a los sollozos
-Hay, hermosa… hace tanto que no te veía así
   Me contó todo lo que le había sucedido en las últimas semanas y unas cosas que le habían sucedido en los últimos meses. Problemas de trabajo, de la universidad y hasta con sus padres. Pequeñas gotas que fueron llenando el vaso hasta que este se derramó
   Me entristeció mucho el darme cuenta lo poco que la frecuentaba últimamente, me sentí pésima amiga y no me equivocaba.  
-Lamento no haber estado ahí, no tengo excusa—me pase las manos por los cabellos
-No tienes porque disculparte, tenias otras cosas en que pensar y mas importantes
   Le sonreí con tristeza
-Tú eres importante
-Más lo es Sebastián, y él ya casi se va
   Sacudí la cabeza
-No pienses así. Tu eres mi amiga y te descuide y te pido perdón así que perdóname—mi voz era un susurro
  Pasamos más rato en aquel cuarto, ella contándome todo a detalles. Volvió a llorar un poco y volvió a recuperarse. Sebastián en ningún momento nos interrumpió
   Comenzó ella sola a hablar de otros asuntos para distraerse, después de contarme todas sus estresantes situaciones que le sucedían últimamente. No me pidió consejos así que no se los di, más que aconsejarla necesitaba escucharla.
-¿Aquí duermen?—pregunto cuándo recorrió la habitación con la mirada y paro en la cama— ¿Juntos?—enarco una ceja con cierto tono de voz y con una sonrisa apareciendo en la comisura del labio
   Abrí la boca para cerrarla inmediatamente. No le había contado a nadie sobre eso, para empezar que no había visto a nadie para decirlo. Me había como aislado junto con Sebastián—incluso antes de vivir juntos, aproximadamente desde que me dijo la noticia de su partida—, sin darme cuenta de cuánto.
   Se escucho un carraspeo y Edith y yo volteamos la cabeza al mismo tiempo para ver a mi novio en el umbral de la puerta. Me alivio al saber que me salvaría de la pregunta que me acababa de hacer
-¿No tienen hambre?—dijo muy quedamente, murmurando
   Edith odiaba que las demás personas la vieran desmoronándose y Sebastián no era la excepción. Se enderezo y volvió a ser la mujer que yo siempre he conocido, toda alegre.  
-¡Claro!, más vale que cocines bien—se puso delante de Sebastián—No te muestres tan tímido conmigo, Sebastián. Como si no hubiéramos pasado como cinco décadas en la misma preparatoria.
   Las palabras de Edith con su expresión en el rostro sacaron una carcajada a Sebastián, que me espero cuando está siguió caminando para que yo saliera de la habitación también.
   Nos sentamos los tres en la pequeña y descolorida mesa a comer la sencilla cena que Sebastián preparo. Nos la pasamos hablando tranquilamente, poniéndonos al día—ella poniéndonos al día a nosotros—y también nos dio noticias de amigos de la preparatoria que ya no habíamos visto.
   Edith se veía un poco mejor que cuando llego, el llorar, desahogarse y la comida ayudo un poco. A mitad de la comida, el celular de mi amiga sonó.
-Ahorita vengo—y se levantó de la silla
   Se escucho el leve parloteo de su voz, por las escaleras. Creo que era su madre
   Sentí como me daban un leve golpe en la rodilla y cuando voltee a ver a Sebastián, este me miraba con una sonrisa
-¿Qué?—pregunte, contagiada con su risueña expresión
   Se encogió de hombros
-¿Te gusto la comida?—su voz era una risa contenida, estaba feliz. Al hacerme la pregunta no me volteo a ver hasta el final, cuando agarro algo de la comida con el tenedor y se la llevo a la boca
   Incline la cabeza y levante las dos cejas, “adivina” articule, Sebastián me volvió a tocar la rodilla con su pie, más fuerte que antes
-Auch—me queje, mientras le devolvía el gesto con una sonrisa tonta en mi cara
  Edith estaba en la entrada de la cocina, con una expresión divertida y rara. Dejo de vernos y dio una vuelta entera sobre sus talones
-¿Cómo es que casi no tienen muebles?—inquirió, apunto a la parte donde se supone estaba el comedor, que estaba vacío—Y la sala solo tiene dos sofás y una tele sostenida sobre algo raro
-Es una mesa vieja que teníamos desde hace años—respondió él.
-La mama de Sebastián vendió casi todo los muebles, otras se las llevo con ella y su hermana, el resto creo que se quedara aquí o también lo venderán
   Con eso, Sebastián asintió. Edith ya estaba sentada en su lugar, retomando su comida.
-¿Y qué me dicen arriba? ¿Misma historia? Se ve algo triste que este todo vacio, pero esta entretenido con el eco que ocasiona
-Para mí no es nada triste—respondí, encogiéndome de hombros
   Edith sonrió de oreja a oreja
-Por supuesto que no—hizo una pausa—Así que… ¿desde hace cuanto que cogen?
   Sebastián se atraganto y casi escupía el vaso de agua que estaba tomando y yo voltee a ver a Edith con los ojos muy abiertos, ella en cambio se echo a reír
-¿Cómo…?—comencé a decir
-¡Por favor! Viven juntos, duermen en la misma cama, ya están grandecitos como para no hacerlo y se les nota. Se comportan diferente desde la última vez que los vi juntos—se llevo un dedo cerca del ojo, como una señal de que sabe observar
   Y vaya que lo hacía
   Sebastián al limpiarse el agua que se cayó del vaso por la sorpresa de la pregunta, ahora reía.
-Me lo pudiste haber dicho antes, verdad—dijo en tono de sarcasmo, encogiéndose de hombros y jugando con la comida
   Solté una risa, una ligera y solo le agarre la mano y se la apreté
-Te daré los detalles luego—le susurre
   Edith se concentro en un nuevo mensaje que le llego y Sebastián me dirigió una mirada coqueta, levantándome una ceja
-¿Detalles?—artículo
   Le guiñe el ojo



   Ya empezaba a obscurecer
   Más tarde—sin Sebastián en la casa—estaba lavando los platos, Edith se encontraba sentada alado del lavabo con el celular en la mano
-Marcelo te manda saludos
   Me sacudí el jabón de las manos con una sonrisa en la cara, como extrañaba a mi blanca nieves
-Dile que lo extraño tanto—enfatice la última palabra
   Edith comenzó a mover los pulgares, escribiendo el mensaje
-Le estoy contando de tu nueva y rara forma de vivir
-¿Rara?—fruncí el ceño, confundida
-Bueno, no rara—dejo el celular a un lado—diferente. Te ha venido bien mudarte de la casa de tus padres
   Mis padres. Todo lo que Edith no sabía y hace poco descubrí. ¿Cómo decirle? ¿Cuándo decirle?
-Sí, pero no durara mucho—dije apática.
   ¡También tenía que decirle que me ira a vivir a Brasil! Me di mentalmente palmadas en la cabeza
-Me alegra saber que elegiste estar a su lado todo el tiempo posible hasta que se marche—susurro
   Intente sonreír
-Yo también
-Bueno—levanto las manos—dejemos esas cosas atrás. Tenemos que ponernos al día en muchas cosas
-Demasiadas—dije recordando todo lo ocurrido estas últimas dos semanas
-Si, como los detalles de tu nueva vida sexual—bromeo ella
   Le dedique una mirada alegre
-No te vas a escapar de esa charla, amiga—dijo como quien no quiere la cosa mientras se bajaba de la barra
-Oh, sé que no lo hare—no conociéndola
-Quédate a dormir a mi casa, ¿sí?
   Como le estaba dando la espalda no vio mi expresión. ¿Dormir en un lugar que no sería la cama de Sebastián? ¿Tan rápido me había malacostumbrado?
   Me di la vuelta, con las manos mojadas en busca de una toalla. Edith me paso la que estaba colgada alado del refrigerador.
-Gracias—dije—me encantaría, Edith—le sonreí
-Puedes decirme que no, se que no debería mantenerte alejada de Sebastián—hizo una mueca
   Baje la mirada, no quería decirle que no… pero me costaba decir que si también
-No sé qué diría Sebastián—trate de quitar un poco el foco de atención de mí
-¿Se negaría?—pregunto, mas para ella que para mí— ¡Di que si!—me agarro las manos—Marcelo también estaría ahí
   Se me ilumino el rostro
-¿Enserio?
   Eso cambiaba un poco la cosa, la noche con dos amigos y tanto que decirles
-Di que si—repitió emocionada
-Ya había dicho que si—reí  


   Esperaba que Sebastián regresara mientras Edith me esperaría en su casa, se había ido porque Marcelo ya había llegado.
   En nuestra habitación agarre una pequeña bolsa donde puse una blusa larga para dormir y ropa interior limpia, para bañarme al día siguiente.
   A mitad de la acción, Sebastián se recargo en el marco de la puerta. Me le quede viendo, no lo había escuchado entrar ni subir las escaleras.
-Tan mal compañero de cuarto soy que te iras de la casa—bromeo pero su rostro era serio
-Pasare la noche en casa de Edith—murmure sin mirarlo
   Escuche sus pasos que se acercaban a mí y al levantar la vista lo encontré con el ceño fruncido y las manos en las bolsas delanteras del pantalón. Baje de nuevo la mirada, dejando la mochila—casi vacía—ya lista a un lado. Yo sentada en la cama, el se hincó delante mío y puso un dedo en mi barbilla, haciéndome alzar la cara y verlo a los ojos
-Ah
   Y pude ver su reacción porque yo tuve la misma
-Ya agarramos la costumbre, que dadas las circunstancias es mala
-Ya me di cuenta—susurro
   Se levanto y salió de la habitación ¿Se habrá enojado? No creo. Escuche que entraba al baño y cerraba la puerta.
   Casi inmediatamente me levante y camine hasta el baño, abrí la puerta y él estaba lavándose los dientes. Me pase la mano por los cabellos mientras el terminaba con el cepillo. Para el momento que acabo, me recargue en el marco de la puerta y nos miramos mutuamente
-¿Estas molesto?
-¿Debería?—frunció el ceño
-No sé, dime tú—dije bruscamente
   No me volteo a ver y paso a mi lado saliendo del baño, cerrando la puerta.
   Me quede viendo la puerta cerrada, tratando de pensar. Pensar que decir y qué hacer. Bueno, se veía molesto pero ya no puedo echarme para atrás, necesito esta noche con Edith para ponerla al día con mis asuntos y sobre todo con los suyos y más que nada también necesitaba decirles tanto a ella como a Marcelo que me iba a vivir a otro país.
    Abrí la puerta y baje para encontrarlo pero no estaba en ninguna parte, estaba segura que tampoco se encontraba arriba. Salí al porche y ahí estaba el, sentado en el suelo alado de la puerta, con un cigarro en la mano.
-Por un momento creí que me habías dejado—trate de bromear
   Alzo la mirada y trato de sonreír, el resultado fue una mueca. Apago el cigarro y lo tiro a un lado. Me senté enfrente suyo lo más cerca que pude de su rostro
-Solo dime que no estás molesto  
-Y no lo estoy, Carolina
-Tu actitud me dice otra cosa
-No me culpes por lo que crees entender de mi lenguaje corporal—su tono era cortante
   Me hizo a un lado—algo brusco—para levantarse y entro a la casa. No me moví, no sé ni siquiera lo que me pasaba por la mente. No es propio de Sebastián esta actitud, mucho menos ser brusco conmigo. No habíamos peleado desde que me mude a su casa, lo cual era una especia de record.
   Salió unos segundos después de haber entrado
-Perdóname—murmuro
   Me tendió una mano para levantarme y yo la tome de buena gana
-Perdón—repitió, tomándome la cara entre las manos
   Trague saliva ruidosamente y camine hacia la vieja mecedora, Sebastián se sentó a mi lado
-No, no estoy molesto, estoy decepcionado—suspiro—es una decepción saber que no te tendré en mi cama bellamente desnuda toda la noche
   Me miro de reojo, queriendo saber mi reacción. Esas palabras fueron un intento para tratar de distraerme, lose, pero eso no significa que no me derritiera por dentro
-Aparte no hemos hecho nada como desde… ¿un día? Eso es bastante
   Bufe, tratando de reprimir la sonrisa
-Tengo que ir, Sebastián. Tengo que decirles que me iré a otro país y quiero contarle a ella todo lo que ha pasado con mis padres—lo mire a la cara—yo también quiero estar desnuda en tu cama—use sus palabras, lo que hicieron que inconscientemente se acercara un poco—pero también quiero y necesito una noche de amigos, Marcelo estará ahí
    Sus ojos no se apartaron de los míos mientras dejaba escapar un largo suspiro. Lentamente dejo caer su cabeza en mi regazo y acomodo sus piernas al doblar las rodillas para caber en el pequeño espacio donde estábamos sentados. Yo, por otra parte, comencé a acariciarle el pelo y rostro, cerró sus ojos ante mis pequeñas caricias
-Es solo que…
-Lo sé—murmure
-Tan mal acostumbrados que estamos
-Lo se
-¿Qué será de nosotros cuando…—ni siquiera lo deje terminar la frase al poner un dedo sobre sus labios
-Lo sé—le sonreí con cierta tristeza—un asunto a la vez, ¿sí?
   Agarro mi mano que iba viajando por su cuello y se la llevo a los labios, donde comenzó a darle pequeños besos
-Te amo—susurro entre uno de ellos
   Una enorme sonrisa se dibujo en mi rostro
-Podrías tenerme desnuda en tu cama la próxima noche
-No, te tendré desnuda en mi cama ahora

   Se levanto rápidamente y entre mis carcajadas me cargo en brazos y me llevo dentro 

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