sábado, 8 de junio de 2013

Capitulo 38: "Mudanza"

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-¿Esas son todas?—grito
-Sí, la última la llevo yo
   Sebastián llego hasta donde estaba su madre cargando la ultima maleta para quitársela y meterla a mi coche que se lo prestare por hoy, ya que el coche rojo de la familia estaba en el aeropuerto preparado para trasladarse también.
   Jimena no parecía para nada triste por la partida, todo lo contrario cada minuto estaba más exaltada con la idea de irse a otro país. Me recordó a mi cuando lo único que quería era salirme de mi casa cuando tenia se edad
   Me acerque a ella en el porche de la casa y le di un fuerte y largo abrazo que me correspondió de igual manera. Le olí discretamente su pelo… fresas. Esta sería la última vez que la vería y a su madre.
-Cuando te conocí tenias siete años, lamento no estar cuando cumplas los nueve
- ¿Ya no te volver a ver?
   Le sonreí plenamente
-Tal vez nos encontremos después de un tiempo, ¿te gustaría eso?
   Asintió y me volvió a abrazar. Comencé una conversación con ella, me despedí todo lo que me tenía que despedir y antes de que Sebastián la llamara para subirse al carro le prometí que algún día nos volveríamos a ver, aunque eso no se cumpliría. Nos tomamos una foto juntas con mi celular y la deje ir.
   Su hermano la acomodo en su lugar dentro de la pequeña camioneta llena de maletas y salió su mama con su bolso. Le di un abrazo dándole las gracias por todo, todo durante los casi tres años de que llegaron.
   Mientras estábamos abrazadas le dije algo al oído
-Dicen que los secretos son del diablo—carraspeo Sebastián con una sonrisa en la cara
-No es ningún secreto—rio entre dientes Emma—Cuídate mucho hija—me dio un beso en la mejilla—Gracias por hacer a mi hijo tan feliz, ojala se encuentren más adelante
-Ojala—repetí con un suspiro
   Emma se subió al coche, acomodándose a ella y un poco mejor a Jimena. Sebastián antes de subirse al coche se acerco a mí
-Vuelvo en un rato, vale—asentí—empieza las maletas y cuando regrese te ayudo a pasarlas a la casa
   Me dio un beso en los labios y partió hacia el aeropuerto para dejar a su familia. No le dijimos a Emma que me quedaría a vivir con el mientras se vendía la casa.
   Estas dos últimas semanas fueron catastróficas. Llegaban empleados inmobiliarios para ver la casa, tomarle fotos para empezar a venderla. Cuando día a día iban quitando mas mueblería para despejar todo y venderlo por internet para ganar dinero, me golpeaba mas la realidad.  A las personas que más le gustaban la casa por medio de las fotos llegaban para verla en vivo. Cada dos días mínimo gente desconocida entraba a la casa y resultaba demasiado incomodo y en parte también para el visitante pues estaban entrando a una casa ajena pero Emma decía que estaba bien, que entre más rápido se vendiera, mejor
   La casa se fue vaciando. Ya no había comedor, ni mesa en la cocina. Se fue la mesa de centro en la sala, quedo solo uno de los tres sillones enfrente el televisor. Ni el trinchador, y se fueron todos los retratos, adornos, y pinturas de las paredes. En el segundo piso la habitación de Jimena se despejo toda excepto el colchón junto con la base. En la habitación de Emma se dejo igual, solo la base y el colchón junto con el gran televisor sobre una pequeña mesa de madera que se encontraron mientras limpiaban todo.
   Cuando el coche arranco y lo perdí mientras daba vuelta en la esquina derecha muchos horribles pensamientos se me vinieron a la cabeza.
   Me los sacudí y me puse en acción. Camine hacia mi habitación y agarre la mochila más grande que tenia—a falta de maletas—y meta toda mi ropa, absolutamente toda. Desde mi ropa interior hasta las blusas descocidas que usaba para dormir.
   Di un suspiro largo al darme cuenta que iba a necesitar más de una ida, pues era poca ropa para sobrevivir por un mes y medio.
   Salí con la mochila y algunos productos de maquillaje, pasando por la estancia donde Sara se encontraba leyendo. La puerta de la casa de Sebastián estaba abierta y solo deje las cosas sobre el suelo y regrese a mi habitación para cargar otra mochila llena de ropa.
   A la tercera vez que pasaba, Sara hablo
-¿A dónde vas con todo eso?
-Me mudare por un tiempo
   Reacciono varios segundos después
-¿Qué?—se levanto lentamente
-¿Algún problema?—pregunte de buena manera
-No puedes
   Sacudí mis manos de desesperación y me puse enfrente de ella
-No puedes detenerme, Sara
-Este no es un hotel del que puedes ir y regresar
-Es tanto mi casa como tuya, ¿no?
   Se volvió a sentar
-No puedo permitir esto
-Intenta detenerme a golpes, como en los viejos tiempos—dije mientras subía las escaleras.
   Continúe con mi mudanza, ahora agarrando cosas mundanas y más productos de belleza. Avente todos los zapatos a otra bolsa grande y volví a bajar con las manos llenas
   Sara ya no se encontraba sentada en la estancia, pero cuando volví a regresar estaba afuera de la puerta de mi habitación.
   No dije nada y al tratar de entrar me bloqueo el paso
-Te estoy dando una orden, Carolina. Tú no te vas a vivir a otra casa
-Tienes que estar bromeando, Sara. ¿Sabes cuantas veces no he llegado a dormir? ¡Me la he pasado semanas sin poner un pie en la casa!
-Pero regresabas
-Y voy a regresar, solo me iré a vivir con Sebastián mientras él se va…
   Mierda
   Se quedo callada y sonrió, una sonrisa que no pude descifrar. Maléfica, tal vez. En mi cabeza se armo la escena de Blanca Nieves y la Bruja, solo que o había una manzana; pero si una amenaza
-¿El vecino? ¿No se iban ya todos de una vez?
-No—me hice para atrás
-¿Es tu novio verdad? Así que te irás a vivir con el novio… no te creí tan estúpida
-Déjame pasar—grite cuando me volvió a bloquear el paso
   Me señalo con un dedo
-Tu sigue con tus cambio de casa, pero eso si te digo; ya no regreses
-¿Qué?—susurre con la garganta seca
   Camino hacia su habitación meneando el trasero
-Lo que escuchaste. Ya no regreses, ya no quiero que sigas viviendo aquí
-¿Acaso me odias?—susurre, con mis shock presente
   Volteo para otra parte, incomoda y sé que un pensamiento fuerte se le vino a la cabeza
-No te odio
-Pero qué clase de madre eres—susurre— ¡Soy tu hija! ¡Cómo te atreves a correrme de la casa!
-No tengo por qué estarte dando techo
   Pero… si hasta yo pago por mi alimento, yo pago por mi educación, yo pago por casi todo lo material que tengo
   Me enderece y levante la cabeza
-En un mes vengo a recoger el resto de mis cosas
   Si piensa que le voy a rogar, esta muy equivocada



   Quería empezar a organizar mis cosas pero no me sentía con ánimos. Sentada en la escalera de la casa de Sebastián, esperando por él. Se sentía tan bien el saber que contaba con alguien, que cuando me pasaba estas situaciones tenia a alguien… ¡Dios como le iba a hacer cuando él se fuera! Sola de nuevo… aun mas sola que antes
   La puerta se abrió y yo me paro con el sonido. El rostro de mi novio se puso serio al ver el mío y me pregunte que expresión me cargaba
-¿Nos vamos a quedar en tu habitación? Sí, claro. Que tonta pregunta… perdón
   Empecé a hablar con nerviosismo para terminar callándome avergonzada y mirándome los dedos
   Se quito la gorra negra que llevaba y la dejo en la mesita de noche alado mio. Se acerco a mí y sabia que me iba a abrazar y yo empezaría a llorar y no había derramado una sola gota de lágrima por causa de mi madre en más de cinco años, no iba a empezar ahora
   Así que le di la vuelta y camine a la cocina, actuando despreocupada
-¿Tienes hambre? Hare la comida—mire hacia la ventana, ya estaba obscureciendo—bueno la cena
   Al llegar a la cocina, me recargue en el lavabo
-¿Qué se te antoja?—hable más alto
   Sebastián no contesto así que saque las cosas necesarias para hacer lo que fuera, tacos tal vez. Empecé a buscar las tortillas y no había pero encontré tostadas
 Mi novio llego a la habitación, recargándose en el refrigerador y mirándome intensamente
-Mañana vamos de compras, no hay nada que comer
   No dijo nada, solo me siguió mirando
   Termine de hacer la cena y puse dos platos en la barra. Empecé a servirme sin esperarlo a él. Después de segundos se me unió y cenamos en silencio. Quise sacarle plática pero las palabras no querían salir de mi boca. Hasta que lo entendí, el permanecía en silencio porque sabía exactamente que eso era lo que necesitaba.
   Después de terminar y lavar todos los platos y sartenes subimos para acomodar mis cosas en un espacio en su closet.
-¿Nunca me vas a decir que paso mientras no estaba?—murmuro despreocupado mientras doblaba mis pantaletas y las metía a un cajón, ni siquiera me volteo a ver
-Antes dime como te fue en el aeropuerto
-Con gusto, antes de que me digas que paso mientras yo no estaba
   Suspire pesadamente y deje la blusa que tenia entre las manos. Me volteé para verlo y el ya estaba delante mío. Agarro mi cara entre sus manos y me miro cálidamente
-Sara me corrió de la casa
   Su respuesta inmediata fue alzar sus cejas, haciendo que si frente de arrugara. Inclino su cabeza y casi podía escuchas sus pensamientos arreglando el rompecabezas
-¡¿Ella hizo qué?!—hablo más fuerte de lo normal
-Me vio empacar mis cosas y me dijo que su casa no era un hotel, o al menos eso fue lo que yo entendí—dije confundida—no recuerdo bien
-No puede hacer eso
-Si puede y ya lo hizo—me encogí de hombros
   En la cara de Sebastián se reflejaba su preocupación y su enojo.
-Mañana a primera hora iré a hablar con tu mama
-¡No! ¡No lo harás!
   Me miro sin decir nada y al final resoplo y me abrazo, dándome un beso en la frente
-No sé que voy a hacer—empecé a lamentarme—Esto ya es demasiado, no me da tiempo de nada. Tal vez tendré que pasar trabajando para pagar un lugar y comida, no podre estudiar por el momento…
-Relájate, tenemos mucho tiempo para solucionar esto
-¿Tenemos?
-Carolina, tus problemas también son los míos. Por el momento tienes una casa donde vivir, ya encontraremos algo y yo te daré algo de dinero
-No me darás nada
-Ya veremos, pero por ahora no hay que preocuparse, ¿o sí?
   Sacudí la cabeza y le sonreí abiertamente
-Te quiero tanto
   Solo sonrió y me soltó para seguir doblando mi ropa interior. Me he dado cuenta que desde que nos reconciliamos después de que me conto sobre su partida, hace dos semanas cada vez que le decía “te quiero” parecía decepcionado, como si esperara algo más de mi.
-Bonitos calzones—empezó a reír ruidosamente así que voltee para ver que sostenía una calzón mío de conejos sonrientes sosteniendo zanahorias
   Primero que nada me puse roja mientras me reía para después lanzarme sobre él.
-No te rías—decía yo a carcajadas y eso causaba que se riera más
   En un intento de recuperar mis bragas me subí a su espalda de caballito haciendo que ambos nos calleáramos al suelo, olvidando todas mis preocupaciones de hace cinco segundos ambos nos clavamos en unas carcajadas que no paraban de salir. Mientras Sebastián pone en alto mi linda ropa interior y trataba de preguntar porque
-Deberías de verme con estas puestas
   Todo rastro de risa salió de su cara en el momento en que termine la oración.
   Estaba arriba de él, apreciando su cara y su mirada que irradiaba… ¿Qué? ¿Deseo? ¿Amor? Tal vez ambas
   Recordé la semana—hace ya vario tiempo—donde tuve esa fuerte discusión con Sara y me corrió de la casa—solo que esa vez no me dijo que llevara mis cosas conmigo—y me quede a dormir en esta casa, con Sebastián y su familia. El primer día las sensaciones de tenerlo entre mis brazos, amarlo y devorarlo eran intensas, pero yo le pedí que nos detuviéramos y ahora me pregunto ¿Por qué?
   Me encontraba a horcajadas en su regazo, con las piernas abiertas. Sus manos se fueron a mis caderas, para después acariciar mi trasero y terminar subiendo por mi espalda. Mis manos descansaban en su abdomen y desee besar cada parte de su cuerpo.
   De pronto, estar vestida se me hacia incomodo
   Se enderezo, así que quedamos cara a cara, pegando nuestras narices y comiéndonos con la mirada.  
-Eres hermosa—susurro entre mis labios
   Nos encontrábamos jadeando por el deseo anticipado
   En un impulso puse una mano en su pelo y la otra en su pecho. El por su parte sujetándome por la espalda y cortando todo espacio que había entre nosotros. Se acerco a mi boca un poco más para morderme el labio inferior y solté un pequeño gemido. Me vuelve loca cuando me muerde los labios.
   Sin poder resistirnos más nuestros labios se encontraron y en cuestión de segundos éramos puro lenguas, caricias y pequeños jadeos. Nuestras manos se movían, descubriendo el cuerpo del otro, memorizándolo y acariciándolo. Al ya no quedar aire para respirar me separe un poco y el siguió dándome besos en la barbilla, mandibular y bajando aun mas por el cuello. Lo arquee, facilitándole la entrada… y alguien toda la puerta.
   Fruncí el ceño pero él no detuvo sus besos, subiendo su cara de nuevo comenzó a besarme en los labios.
-Para, para—lo hizo y me miro confundido— ¿No escuchaste?
-Claro que lo hice pero no te quiero soltar
-Supongo que tenemos que abrir
-Quien sea puede esperar—sus labios mordisqueaban mi mandíbula
   Solté una risilla y con urgencia volvimos a nuestras bocas, cada vez con más deseo entre nosotros, saboreando todo…
   El timbre volvió a sonar, doble. Me detuve de nuevo
-Tranquilo, rey león. Sea quien sea me deshago de él y regreso.
   Baje con una enorme sonrisa en mi cara—pura felicidad—y mordiendo mi labio, luchando con el impulso de mandar a la mierda a la persona de la puerta y volver corriendo a la habitación
   Abrí la puerta y la sonrisa de mi cara decayó.
   La persona que estaba delante de mi casa abrió la boca para hablar pero inmediatamente levante la mano para que no lo hiciera
-Sebastián, es para ti—grite apática.
   Aunque quería salirme de la escena de inmediato espere en mi lugar. Con la persona viéndome a los ojos podría decir que se sintió incomoda y se veía la sorpresa en su cara de verme aquí. Sebastián bajo y se detuvo alado mío y su rostro paso de la sorpresa a la dureza
-¿Qué haces aquí? 
   Ahora si me di media vuelta y me fui directo a la cocina. Sintiéndome de la tercio
   Me serví un vaso de agua, luego dos y tres para calmar el sentimiento que me dio. ¿Celos? No, ¿Desconfianza? Jamás, tal vez si celos… aunque no debería.
   Por un momento me creí encerrada en esta cocina mientras los dos ex-novios conversaban pero al poco tiempo entro Sebastián con una cara no muy convencida. Se fue acercando a mí
-Voy a salir un rato con Samanta
   Trague ruidosamente y cerré los ojos saboreando esa amarga sensación.
   Si sales de esa puerta con esa mujer juro que en mi vida te vuelvo a hablar, ¿Qué sientes? Es el colmo que se aparezca en nuestra casa y ahora te largas con ella, en un sábado por la noche. Olvídalo, ciérrale la puerta en la cara o yo le dejare muy en claro quién es la que manda aquí
  Abrí los ojos y le di una pequeña y muy falsa sonrisa que duro apenas dos segundos
-Diviértanse
   Se quedo viendo mi expresión un rato y sabia lo que hacía. Adivinaba mis emociones y la mayoría de las veces le atinaba.
-No te pongas celosa—murmuro
-¿Quién dijo que lo estaba?
-Tus ojos
   Baje la mirada inmediatamente sintiéndome un poco avergonzada
-¿No te sientes bien con esta situación?
-Claro que no, Sebastián pero no soy nadie para prohibirte las cosas
-Eres mi novia
-No es suficiente—hice una pausa—Vale, ven aquí—se acerco lo suficiente y le di un pequeño beso en los labios—Confió en ti
-Yo también te quiero, Cari—y sé que me estaba respondiendo a mi afecto que le dije hace unos momentos— ¿Acaso no te lo he dicho lo suficiente?
-Me lo has demostrado, que vale aun más
   Me rodeo la cintura con sus brazos
-Dame otro beso—se lo di y refunfuño—uno más largo—murmuro
   Agarro delicadamente mi barbilla mientras me daba un beso menos violento y más dulce que el último que nos dimos en su habitación. Bueno, nuestra habitación desde hoy
   Era la gloria sentir sus labios rosando los míos, mientras nos pegábamos cada vez más y más hasta que me dejo ir. Yo mantenía mis brazos alrededor de su cuello, nuestras frentes pegadas, respirando entrecortadamente por el largo beso recién dado.
   No vayas, quédate conmigo
-Regresare lo más pronto que pueda—leyó mi pensamiento
-Una pregunta, algo fuera de tema—murmure sin soltarlo, con nuestras frentes aun pegadas, con los ojos cerrados—Si decido dormirme antes de que llegues, ¿en qué cama debo hacerlo? La de tu madre esta mas grande…
   Me interrumpió con un beso y nos quedamos callados unos segundos, abrí los ojos y él me observaba con intensidad
-Te quiero en mi cama
   Me corto la respiración, y el sonrió ante mi respuesta. Me soltó no sin antes apretarme la mano y volverme a decir que regresaba lo más rápido que podía.
   Lo deje ir—ahora sin celos ni reproches—con su ex novia.


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